Es una maravilla que la última vez que publiqué algo en este
blog fue hace unos 10 meses. Más maravilloso aún son mis intentos fallidos por
terminar de escribir. Esta es al menos la tercera vez que cambio el número de
la primera frase de este párrafo: la primera vez que lo hice decía “6 meses”,
la segunda “8 meses”, así que espero ahora terminar de empezar de una buena
vez.
En fin. Han pasado tantas cosas en estos 10 meses que no sé
por dónde empezar. Probablemente lo mejor será hacer un pegoteo con todos los
intentos que hice por empezar a escribir esta cosa y que nunca terminé. Porque, en efecto, mi intención era actualizar
este blogz hace un buen tiempo para que mis 8 fans no tuvieran que esperar
tanto tiempo. Pero las vicisitudes, ocupaciones, pesares, alegrías y pesares de
este tiempo me han mantenido tan ocupado que no he tenido el tiempo, la
energía, la imaginación o el aplomo de sentarme a escribir en mi fiel
computador.
En fin, regresemos en el tiempo a fines de Julio de 2014, en mi primer intento por escribir este
asunto, cuando aquí el verano vivía sus últimos estertores antes de sumirse en
una lenta agonía:
“Verano de 3 semanas
En realidad, 6 semanas, para ser justos. Desde enero-febrero
de 2013 que no tengo un verano decente, con días de sol, olor a traspiración
que sobrepasa el desodorante, y tantas bondades de nuestro verano en la Región
Metropolitana de Santiago. La última vez que escribí aquí, hace tres meses, la
primavera londinense estaba recién apareciendo, con los primeros días de sol y
algo de calor para los estándares de acá (o sea, salir sin chaqueta, y si se
anda de suerte, con el polerón en la mano). Ahora el verano es cosa del pasado,
de hecho hace más de un mes el clima volvió a su nubosidad habitual, si bien
todavía las temperaturas no bajan taaanto.
La brevedad de mi verano se vio extrapolada por mi visita a
Chile de tres semanas en pleno julio: las tres semanas más soleadas en Londres,
y pleno invierno en Santiago. Pero basta de clima y vamos a cosas aún menos
interesantes.
En mi última publicación, quedé ad portas de terminar mis
clases y comenzando a ensayar para la obra La Tempestad. Lo cierto es que,
luego de un año fantástico en la escuela, nuestra última actividad como curso
resultó ser la menos fantástica de todas; de hecho, fue un tanto terrible. El
cuento corto es que la última unidad tenía como objetivo llevar la performance
de teatro musical a espacios no convencionales –como por ejemplo, la calle.
Para esto, nos asociamos a un par de “artistas conceptuales” que junto a un
señor que nos vendió la pomada desde principios de año, tenían un proyecto que
tenía que ver con el reciclaje de pantys, y armaron una pelota del porte de una
pelota saltarina (qué simples eran los juguetes a principios de los 90s… una
pelota con cachos para saltar, de marca Otto Krauss. Qué lindos tiempos) echa
de puras pantys.
El proceso de trabajar con esta gente fue bastante latero, y
el resultado final no fue muy ameno. De hecho, no dejó a nadie de nosotros muy
feliz, pero bueno, fue de esas experiencias donde uno aprende que hay
experiencias de las que uno no aprende nada. Sin embargo, al menos tuve la
oportunidad de trabajar de cerca con mi grupo que en este caso fueron mis
queridos colegas Amy, Danni y Jordan, con quienes pese al sinsentido reinante
lo pasamos bien haciendo el loco.
Paralelamente, mientras ensayábamos para la performance esa,
estuve ensayando para The Tempest. Los ensayos eran en una Iglesia que tenía un
bello cementerio alrededor, y como los días estaban bonitos hicimos algunos
ensayos entre las tumbas. El momento más emotivo del proceso fue, luego de
nuestro ensayo general con público y a dos días de partir la temporada oficial,
cuando la actriz que estaba haciendo de Próspero (el personaje principal) se
tuvo que salir porque no logró aprenderse bien el papel. Así que a última hora,
entró un actor que había hecho el rol hace algunos años, y algo se acordaba.
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| Bajando al teatro |
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| Escenario y algunas graderías del teatrito |
Partimos en tren al teatro Minack, que queda en la punta sur
oeste de Inglaterra, a unas 5 horas de Londres. Llegamos y el día estaba fenomenal,
el teatro es realmente increíble, construido en un acantilado, al aire libre,
tallado en la roca, con vista al mar… uno de esos lugares que es difícil
describir y en los que hay que estar para comprender su real majestuosidad. El
día que llegamos se nos unió Alan Cox (el nuevo Próspero), hicimos un par de
pasadas, y ya al día siguiente empezamos con funciones. Fueron seis días de
funciones, dos de ellos con presentaciones en la tarde y en la noche, y fue en
realidad la mejor forma de tener mi primera experiencia profesional en
Inglaterra. Si alguien hace un año me hubiera dicho que iba a trabajar actuando
Shakespeare en inglés, ni me lo habría soñado; menos aún que iba a actuar en un
teatro al borde del mar, con todas las funciones repletas con más de 800
personas pese al sol, al frío de la noche, o a la lluvia del último día.
Realmente fermoso. Y cada noche después de función íbamos al pub del pueblo
–sí, el único pub del pueblo, es muy chico- a tomarnos unas cervezas y qué se
yo. No puedo más que agradecer enormemente la oportunidad, y a Emma (mi
directora) por haberme invitado a trabajar en esto.
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| Mi camarín |
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| Paseando por los alrededores del Minack con mi amigo irlandés |
Apenas volvimos a Londres, tuve el “Summer ball” de mi
escuela, o “baile de verano” para los iletrados. Fue bastante chistoso, estaban
la mayoría de mis compañeros y lo pasamos fantásticamente, habían unos travestis
de dos metros con grandes tacos repartiendo shots de tragos gratis –lo cual en
este país es un lujo (los tragos gratis, no los travestis con tacos)-, haciendo
de la fiesta un momento aún más jolgorioso. Aunque las fotos puedan dar a
entender que fue una noche de desenfreno, lo correcto es decir que fue una
tarde más bien, ya que el carrete partió a las 7 y terminó a las 11.30. Así se
carretea en Londres, caramba.
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| Fotos de la fiesta dentro de un kiosko donde caben 2 personas |
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| No sé qué está pasando en esta foto |
Y sólo un día después, partí de vuelta a Santiago. Me bajé
del avión a ensayar con el coro para el matrimonio de mi querida prima Dani,
que estuvo a todo cachete, pese a que la diferencia de 5 horas y la costumbre
inglesa de carretear hasta temprano me tenía medio muerto a las 11 de la noche
en Chile. Fue muy lindo ver nuevamente a mis primos, tíos, abuelos y parientes
varios, sobre todo algunos que no veía hace mucho tiempo, como mis viejos
primos de decimo cuarto grado Ernesto y Cristóbal.
El resto del tiempo en Chile lo dediqué a juntarme con
varios de mis viejos amigos, y una buena parte la gasté tratando de sacar
nuevamente mi carnet de identidad y el de manejar. Perdí tres mañanas en filas
interminables, literalmente interminables porque al final no logré sacar ningún
carnet y tuve que irme con el rabo entre las piernas, unas piernas sin
identificación ante el Estado de Chile.
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| Los primos Iturriaga más algunos impostores |
No me importa sonar como los amargados que encuentran que
todo en Chile funciona pésimo y que afuera todo es mejor, ya que en realidad,
siempre lo he sido. Pero obviamente vivir afuera da una cierta perspectiva y
permite apreciar los contrastes, y las dos veces que he vuelto a Santiago en
este último año se me hace una ciudad más difícil de aguantar. Aparte del insultante
Transantiago –que obliga a preguntarse qué diablos han hecho las autoridades de
Transporte en el país para que NADA mejore en los últimos años-, aparte de los
tacos, de las siniestras notarías, de las burocracias, me da la impresión de
una ciudad cada vez más agresiva. Desde gente cualquiera que uno se topa en la
calle, te empuja o te toca la bocina porque sí, hasta personas que uno creía
cercanas –como tristemente me tocó presenciar-, pueden transformarse en
verdaderos energúmenos. O en que pase
impune que te cobren ¡10 lucas por dos horas de estacionamiento! en un lugar
como la Plaza Ñuñoa (espero que su brillante alcalde esté orgulloso de que
estacionarse ahí sea más caro que hacerlo en Londres), o…”
Eso en cuanto a mis escritos inconclusos. No sé qué habré
querido decir después de ese “o”, pero ante la desvergüenza nauseabunda de los
últimos acontecimientos en el país y que todos conocemos, prefiero no echar más
leña al fuego ni contribuir a la depresión de mis lectores. Sólo diré que en
estos momentos me alegro mucho de estar fuera de Chile y vivir en otro país con
una política similarmente podrida, pero de la cual entiendo poco y nada. En
todo caso, pareciera ser que por estos lados las autoridades y poderes
económicos son un poco más pudorosos al momento de robarse el país, y el estado
proporciona algunas cuantas seguridades más que en Chile al ciudadano de a pie.
Ahora intentaré relatar en forma breve, amena y rectangular
la etapa siguiente, que básicamente consiste en mi salto del lugar cómodo y
tibio de la escuela, al incierto mundo del actor cesante en busca de la
supervivencia en una ciudad extranjera, y sin una madre presidenta que me
facilite un préstamo de 6.500 millones de pesos.
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| Siempre es un placer recibir la visita de viejos amigos. |
Aunque antes de dicho salto, tuve un período de cómo un mes
de terminar mi tesis de magister. Empecé la investigación antes de viajar a
Chile, aunque esa investigación consistió en sentarme en la biblioteca de la
universidad, hojear libros que podían servirme y anotar sus nombres en un
papel. De vuelta en Londres, profundicé dicho método de investigación anotando
los nombres ahora en el computador, y luego dedicando buen rato a observar la
pantalla esperando que la tesis se comenzara a escribir. Este método no dio los
resultados esperados, y debí tomar el toro por las astas y empezar a escribir
yo mismo. Intenté hacerme una rutina diaria de ir a la escuela a trabajar, sin
embargo, como ha sido una constante en mi vida creativa, intentar trabajar en
el día con el sol brillando en el exterior fue un fiasco. Así que asumí mi
realidad y por un par de semanas viví de noche hasta terminar mi tesis. Con la
ayuda de mi brillante profesor guía Zach Dunbar (uno de los tipos más geniales
que he conocido en mi vida), llegué al título final que es “How local can you
get? Assessing the convergence
of text between Chilean song and English-speaking Musicals”. Para los
peleles, esto se traduce como “¿Qué tan local se puede llegar a ser? Análisis
de la convergencia del texto entre la canción Chilena y el Musical de habla
inglesa”. Ahora que lo traduzco al español, el título suena bastante más
enredado de lo que pensaba. Básicamente, mi tema fue analizar ciertas
características del teatro musical tradicional (o sea, anglosajón) y ver cómo
se pueden combinar con elementos chilenos para crear un teatro musical chileno
que sea realmente local y no sólo una mera copia de fórmulas extranjeras.
Eso, en líneas generales, fue mi tesis de magíster, que
entregué la segunda semana de Septiembre. Fue un proceso intenso, donde aprendí
mucho, y si fuera una persona organizada podría haberlo terminado sin
trasnochar y con algo de mayor maduración en el tiempo, pero dentro de todo
quedó bastante decente. Tan así que saqué (al parecer) la mejor nota del curso,
lo cual habla o muy bien de mí, o pésimo de mis compañeros que fueron superados
por el estudiante extranjero que ni siquiera habla inglés.
Graciosamente, esta investigación también me llevó a
apreciar con nuevos ojos la genialidad de algunos de nuestros autores chilenos,
sobre todo Víctor Jara y la Violeta Parra. Lo cual también se vio reforzado
gracias a nuestra bandita de música chilena con la Berni Batlle, y el Shico. Tuvimos
un par de tocatas simpáticas para el 18 de septiembre en un par de “fondas”
chilenas en Londres, aunque luego este par de desgraciados se fueron a Chile
por tres meses.
Coincidiendo con el final de mi tesis, empecé a ensayar para
un pequeño musical, parte de una muestra de obras del magister de composición
de teatro musical de la U. de Goldsmiths. Llegué ahí por un casting y me dieron
uno de los roles protagónicos; fue una experiencia bien corta pero muy
simpática igual, conocí algunos seres muy buena onda y también fue un
interesante aprendizaje sobre la creación de una obra musical acá, cómo se
arman ciertas cosas, cómo no se deben hacer otras, etc. También por estos días
llegó la Jesu a Londres a empezar el mismo curso que yo, lo cual hizo que
disminuyeran considerablemente mis ratos libres.
Terminado este musicalcillo (a fines de septiembre), comenzó
por fin mi caída libre al mundo real. Me puse a buscar pegas en diversas cosas,
desde restoranes hasta tiendas de tarjetas, y también algunas audiciones, sin
mucho resultado. Tuve un breve respiro con la breve pero linda visita de mis
padres, que estuvieron cuatro días por acá. Aproveché mi cesantía para sacarlos
a pasear por Londres, conversar de la vida, vimos un par de obras, y fuimos a
restoranes invitados por mi padre, lo cual en esta ciudad tan carera se
agradece con el corazón de la billetera.
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| Con mi madre en la catedral de Westminster |
Luego de que se fueron, seguí con mi búsqueda hasta que
logré conseguir un trabajo en el duty free del aeropuerto de Heathrow como una
especie de promotor/vendedor. El problema fue que como para trabajar en el
aeropuerto piden una cantidad de antecedentes absurda, me demoré más de un mes
en empezar a trabajar. En el intertanto, trabajé de extra en un video
corporativo (en un video tan absurdo que no compartiré aquí), y en un call
center donde trabajan casi puros actores desempleados, y que es uno de los
lugares más horrendos que he conocido. Tuve dos días de “training”, y ya al
tercero tuvimos que empezar a llamar. Mi pega era tratar de vender –en
realidad, embutirles a la fuerza- “planes de vinos” a gente que alguna vez hace
años había comprado una botella en el sitio web de la empresa. Si usted, amigo
lector, me conoce un poco, sabrá que soy un hombre de pocas palabras (al menos
cuando estoy sobrio), más aún con gente que no conozco, y peor aún, hablando en
inglés. Es decir, no puedo imaginar un peor vendedor por teléfono que yo. Duré
tres horas y renuncié. Oh, y he seguido trabajando como extra en una que otra película, serie, o incluso como público en el nuevo Guitar Hero.
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| Trabajando de extra. Tuve que afeitarme in situ, todo por el miserable y delicioso dinero. |
Por otro lado, conseguí mi primera pega profesional en el mundillo
musical, en un show llamado “Rox Vox”, una especie de concierto tributo a
grupos de rock de los 70s y 80s, con presentaciones en distintos lugares de
Inglaterra. Claro que empezamos a ensayar recién en enero, así que noviembre y
diciembre los pasé aprendiéndome las letras de las canciones, trabajando ya en
el aeropuerto, y también en otra pega musical que conseguí, en un coro llamado
London Cantamusica, con el que tuve el lujo de grabar unas canciones nada menos
que en los estudios de Abbey Road.
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| Entrada a Abbey Road |
| La misma entrada pero en 1969 |
Para los lelos, este estudio de grabación es uno de los más
famosos del mundo, y donde está la famosa foto de los Beatles cruzando la calle
(y hasta el día de hoy, gente incauta se sigue sacando fotos en el mismo paso
peatonal, creando un caos vial en una calle que no tiene ningún brillo. Es
básicamente un barrio residencial, como sacarse una foto en Pocuro con Pedro de
Valdivia. Claro que en vez de lanzas, aquí hay turistas japoneses; en vez de
quiltros, hay zorros de cola roja; en vez de guarenes, hay ratones que se bañan
y se peinan los bigotes). Entrar a ese estudio y ver fotos de todos los
próceres que han grabado en ese mismo lugar, comido en ese mismo casino y defecado
en ese mismo baño, fue bastante emotivo la verdad.
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| En el Studio 2 de Abbey Road |
Esto fue a fines de noviembre. Por esa misma fecha, me
sorprendió la noticia de la muerte de mi abuelo Carlos (aunque nadie le decía
así, era el Papo, o simplemente el Pelao). Quizás uno de los mayores
temores/dolores que causa el estar lejos por tanto tiempo es justamente la
posibilidad de no volver a ver a uno de mis seres queridos, y bueno, fue
bastante duro pasar ese momento lejos de mi familia y de mi mamá. Pero gracias
a la tecnología pude estar ahí por Skype y mandando un par de canciones en
homenaje al viejo.
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| El Papo, fanático de la UC, con sus yernos y nietos, todos de la U, celebrando el campeonato Azul de 1999. |
Diciembre se pasó rápido trabajando en el aeropuerto y
ensayando con el coro para nuestra presentación de principios de enero. Además,
tuve la ceremonia de graduación de la universidad, con los típicos sombreros y
túnicas ridículas. Lo mejor es que estábamos obligados a arrendarlos, por
supuesto a un único proveedor que tenía la desfachatez de cobrar 50 lucas por
arrendar esa túnica y sombrero por tres horas miserables. Pero en fin… fue un
lindo momento de compartir con mis compañeros última vez como curso, y también
cantamos en la ceremonia y tuvimos la oportunidad de estrechar la mano del señor
que es el rector de la U. of London (no nos entregaron diplomas, así que
literalmente la ceremonia se trataba de que cada estudiante estrechara la mano
de ese señor con cara de sáquenme de aquí). La ceremonia fue en el mismo teatro
y escenario donde pocas semanas antes fui a ver al gran Art Garfunkel, que a
sus 128 años sigue cantando tan hermosamente como siempre.
| Algunos lelos de mi curso |
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| Más lelos aún |
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| Lanzando los sombreros más caros del mundo |
Para Navidad, fuimos con la Jesu a la casa de sus tíos en
Niza, que nos recibieron hermosamente y nos alimentaron aún mejor. Fue la
primera Navidad en 32 años que paso lejos de mi familia, por lo que fue un poco
raro, pero nos trataron tan bien que igual me sentí como en casa. Además
paseamos por Niza y sus alrededores, entre ellos Mónaco (que es como un hotel
hecho ciudad) y San Remo (para los indoctos, queda muy cerca de Niza, pero en
Italia), que pese a su encanto italiano, está bastante a mal traer en
comparación a las ciudades francesas. Conocimos muchas ferias navideñas, con
unos niveles de decoración bastante impresionantes: en la de Mónaco, por
ejemplo, armaban un pesebre de tamaño natural y con monos animatronics sobre
los techos de los locales de la feria, junto con representaciones del viejo
pascuero y su séquito de renos y enanos, e incluso animales de las distintas
regiones del mundo, entre ellos, fauna de los polos, incluyendo osos polares,
pingüinos, morsas y hasta una ballena. Sí, una ballena en Navidad. Porque los
cetáceos barbados también esconden regalos debajo de un pino de plástico y
comen un pavo y caminaron a lomo de camello por el desierto de Palestina para
adorar al niño Jesús.
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| Pesebre sin presupuesto en Mónaco |
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| Porque no hay Navidad sin pingüinos ni ballenas |
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| Castillo navideño en la Plaza de Niza |
A propósito del Viejo Pascuero, quiero invitar a una pequeña
reflexión navideña en pleno mes de mayo, de algo que me percaté pasando la
navidad en Francia. Chile es el único país del orbe donde el personaje tiene
ese nombre tan horrendo, además de inexacto (ya que hace referencia a la Pascua
y no a la Navidad!!). En el resto del mundo se le llama o San Nicolás (y todas
sus derivaciones, como Santa Claus), o bien Papá Noel (Père Noël, Babbo Natale, o sea, “Papá Navidad”). En los
países nórdicos, influidos por su mitología, se le conoce como “duende de
Navidad”. Desconozco cómo le llaman los cetáceos barbados, pero seguramente
hasta ellos son más razonables que nosotros en Chile.
En fin. Junto con vaciar nuestro
Congreso Nacional y llenarlo con chimpancés (que de seguro harán mejor la pega
que nuestros parlamentarios actuales, sin corrupción y sin esos cobrar sueldos
estratosféricos), propongo un movimiento nacional por re-bautizar al pobre
hombre de la Navidad, que es conocido con nombres cariñosos en todo el mundo
menos en nuestro país.
Otra linda tradición navideña
francesa que conocimos fue los increíbles pesebres que ponen en las iglesias,
que básicamente reproducen un pueblo entero de la Provence francesa, con todos
sus personajes y oficios típicos, y en medio del pueblo, el pesebre. Pero sin
duda lo más lindo fueron los cantos de la misa de Navidad, donde como buenos
amantes de la buena mesa, los franceses hacen referencia a su gloriosa
gastronomía. Como en este estribillo que reproduzco a continuación:
Un enfant est
né, bergers, réveillez vos bêtes
Un enfant est
né, bergers, venez a la fête!
Que en español sería algo así:
Un infante es un nene, hamburguesas, rebélense ustedes
betarragas
Un infante es un nene, hamburguesas, vienesas y el filete!
Bueno. Esa fue la Navidad. Volvimos a Londres después de año
nuevo y llegué de cabeza a ensayar para Rox Vox, y también a la función de
Epifanía que hicimos con el coro Cantamusica de la ópera Amahl and the Night visitors, una especie de ópera corta navideña.
Ensayar para Rox Vox fue un hermoso placer, ya que es un
concierto con muchas de mis canciones favoritas de mis grupos favoritos, así
que meterme a una sala de ensayo y cantar Queen, Led Zeppellin o AC/DC entre
otros y que me pagaran por eso fue bastante gratificante. Y más aún, el grupo
que se armó es muy buena onda; somos cuatro cantantes, dos hombres y dos
mujeres, todos ellos con harta experiencia así que ha sido un aprendizaje muy
grande para mí trabajar con ellos. Además de ser muy talentosos y grandes
compañeros de pega: realmente un gran regalo. Tenemos además una banda de 5
chiquillas, probablemente las mujeres más rockeras que he conocido en mi vida,
muy secas y también muy buena onda. El show tiene además hartos vestuarios,
luces y rayos láser así que tiene toda la estética de un concierto de rock
ochentero. Hasta ahora nos hemos presentado en varios pueblos y ciudades en el
norte de Inglaterra y Escocia, que es como ir al sur de Chile, donde la gente
suele ser más cálida y receptiva, así que al final de cada presentación
terminan todos cantando y bailando, con señoras de la edad de mis abuelas
agitando la cabeza y gritando “Hiiiiighway to hell!!”. Un lujazo. Y al final de
cada función nos saludan muy cariñosamente, se sacan fotos con nosotros, hasta
nos piden autógrafos, así que por un rato me siento como un rockstar de pueblo
chico.
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| Mi hermoso team de Rox Vox |
Eso sí, tuvimos varias funciones en enero y febrero, una en
marzo y ahora estamos en stand by hasta junio, así que estos últimos casi dos
meses han sido un poco fomes en cuanto a pega. Tuve que buscarme otro trabajo
para complementar el del aeropuerto, así que me puse a trabajar en una agencia
que pone staff en eventos de toda índole. Me ha tocado hacer de mozo, trabajar
en el bar, guardarropía, armar y desarmar mesas, y una serie de tareas no muy
gratas (una vez me tocó pararme al lado de un vómito para evitar que la gente
lo pisara. Fueron 20 minutos deliciosos), usualmente en jornadas largas y
pagadas no muy bien, y con jefes que a veces te tratan como a un orangután o
mejor aún, un pez luna un con retraso mental. Cuando alguno de estos tipos
pedantes me empieza a explicar cómo doblar una servilleta o limpiar un vaso
como si yo fuera un perfecto zoquete, no puedo evitar pensar para mis adentros
que tengo un Master y un conocimiento asombroso sobre la fauna marina. Pero
luego suspiro y me consuela pensar que muchos de los que trabajan ahí poniendo
la mesa conmigo son también graduados de carreras, masters o incluso doctorados
de disciplinas inútiles como teatro, literatura, cine o incluso ciencias de la
computación.Pero bueno, hay que sobrevivir de alguna forma en esta ciudad.
También he seguido yendo a audiciones, algunas de comerciales, otras de teatro,
y ahora estoy a la espera de los resultados de una bastante interesante que
tuve la semana pasada.
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| Cosas que uno puede comprar en Londres |
Para ir cerrando esta larga edición, valga decir que desde
hace unas tres semanas el invierno empezó a retroceder –al fin!-. Debo
reconocer que entre el frío, los días tan cortos, y las pegas fomes me empecé a
deprimir un poco, pero ya a fines de marzo empezó a salir más el sol, y hasta
puedo darme el lujo de salir a la calle sin chaqueta. Y hace un mes me cambié a
una nueva casa en un barrio muy simpático con unos tipos que estudiaron en
Central (aunque no en mi mismo curso), luego de deambular por varios lugares en
los últimos casi seis meses, así que eso también ha sido una parte positiva de este
último tiempo. Como detalle casi gracioso, al frente de mi casa hay una plaza,
y en la mitad, como si nada, una torre medieval, que en algún momento fue parte
de una iglesia pero la iglesia se cayó y la reconstruyeron a cinco cuadras, así
que la torre quedó ahí sola.
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| Saint Mary's Tower, al lado de mi casa |
Lo lindo es que se llama Saint Mary’s Tower, o sea, la Torre Santa María. Así que cada vez que la veo, recuerdo el río Mapocho y ese cruce de la Costanera Norte que debería recibir el premio a la conexión de autopista peor pensada del mundo terrestre y submarino. Sí, le hablo a usted, al grandísimo inepto que diseñó esa entrada y salida a la autopista pensando con el recto y que creó un taco enorme, innecesario y totalmente evitable gracias a su inconmensurable idiotez. Y para remate tiene el descaro de poner un pórtico del Tag ahí mismo, para recordarnos que en Chile nos cagan por todos lados y encima nos cobran por eso. Un lobo marino es un ingeniero más capaz que usted, señor Costanera Norte. Y una medusa ciertamente tiene mayor sentido de la ética.Bueno, han sido muchos meses, así que cualquier omisión u olvido de cosas importantes que pueden haber pasado por acá es totalmente a propósito, tal como los insultos. Si hay algún olvido importante e involuntario, lo agregaré como un extra, o haré un sorteo entre mis lectores para que sólo algunos lo reciban por correo.
Tengan todos un feliz día de Star Wars (4 de mayo, o sea, May the fourth, como en May the force be with you, para todos quienes tienen una vida plena y no necesitan saber esta clase de supercherrías):
















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