domingo, 20 de octubre de 2013

Primera mitad del primer cuatrimestre

Cuando se cumplen 51 días de mi llegada a Londres –número muy simbólico ya que si consideramos los 40 días que Jesús pasó en el desierto, más los siete días de la creación, el día de la madre, el día del padre, el de la secretaria y el del funcionario público, suman exactamente 51-, puedo decir que mi vida en esta ciudad va lentamente encausándose hacia una cierta estabilidad. Claro que, a diferencia de un pololeo o relación romántica promedio, en la cual luego de unas 4 o 5 semanas la chispa inicial comienza a decaer, el entusiasmo se diluye y la vista se nos despeja para contemplar la realidad con toda su terrible y monstruosa monotonía, el hecho de entrar en una especie de rutina no ha abatido mi espíritu, sino que por el contrario, ha reforzado mis ganas y agradecimiento por estar estudiando en esta ciudad llena de gente tan rara.

Desde la última vez que escribí, estos han sido los sucesos más interesantes que me han sucedido:

Justo antes del 18 de septiembre, llegó mi querida hermana Valeria (pasó unos días por Londres antes de ir a Barcelona a hacer un magister), así que además de cederle mi pieza pudimos realizar diversas actividades recreativas, como pasear por lugares turísticos de la ciudad, comer en un buffet chino (donde comí la primera porción decente de carne desde que llegué), o ver El Rey León, o participar en el asado de 18 de septiembre que reunió a muchos chilenos que viven en Londres. Como dato interesante, en el asado se hizo una “votación” por los candidatos presidenciales chilenos, en la cual votamos como 90 personas y salió ganadora Evelyn Matthei. Mi candidato salió penúltimo.

 Justo después del 18 de septiembre, y luego de mucho buscar con magros resultados, encontramos un departamento junto con mi roomate Claudio (y nuestra roomate Ana Luz, aunque ella todavía estaba en Chile a esas alturas) en el barrio de Cricklewood, sector centro-norte de Londres. Así que ya el 25 de septiembre nos cambiamos a nuestro depto definitivo, que en realidad es como el primer piso de una casa, lo cual nos ahorra la cruda tarea de subir y bajar escaleras. Está situado en un barrio llamado Cricklewood, cerca de una calle llena de restoranes de comida típica de países tan variopintos como Sri Lanka, Pakistán, Etiopía (ni idea cuál será un plato típico de Etiopía), Líbano o Sudán. Y almacenes con comidas típicas de Hungría, Rumania, Polonia, Bulgaria y los típicos almacenes árabes que están en todas partes.
Lo amoroso de la situación es que muchos de los productos tienen las etiquetas en sus idiomas de origen, así que hace un par de semanas compré en el almacén polaco algo que todavía no sé bien si es mantequilla, lubricante intestinal o cera para autos. Y hace un par de días, encontré en el refrigerador de una tienda unos tarros semejantes a los de las pelotas de tenis, cuya etiqueta estaba en eslovaco y en alemán. Mi intriga de por qué conservaban pelotas de tenis en el refrigerador fue tal que tuve que pasar el texto en alemán al traductor de google en mi celular, y solo entonces comprendí que era queso de cabra con un toque de albahaca. Estaba en oferta, así que lo compré.



Con Claudio y la Flopi, antes de ver Charlie y la Fabrica de Chocolates

Durante estas últimas semanas llegaron mis simpáticos amigos chilenos Berni Batlle y Shico Ahumada, con quienes también hemos paseado por Londres, como un lindo almuerzo un día domingo en un restoran español en Notting Hill, donde nos tomamos la sangría más cara del mundo. Pero estaba bastante cabezona, así que pagamos la cuenta con total y alegre inconsciencia. Con la Berni además conocimos un emocionante especie de Homecenter, donde pude tomar de regalo unas tablas que sirvieron para reemplazar las tablas que faltaban bajo mi colchón, que a todo esto está tan malo que me hace dudar si los anteriores seres que lo usaron eran humanos o tal vez una pareja de elefantes marinos.
Porque, habéis de saber, como acá la gente se cambia tan seguido de casa, en general  cuando arrienda deptos, vienen amoblados e incluso con vasos, cubiertos y demases. En nuestro caso tenemos también una juguera, microondas, y una especie de parrilla eléctrica marca George Foreman que es bastante mala pero que no la he botado por respeto a George Foreman y su trayectoria en el boxeo. También había un pescado podrido en el freezer que impregnó su aroma en lo más profundo del alma del refrigerador, y que nos acompaña hasta hoy sutilmente.
Pero volviendo a mi colchón, tiene tantas protuberancias que a veces ya no sé si son resortes carreteados, o tal vez osamentas de ratones. No me atrevo a mirar… sólo sé que no le hace nada de justicia a mi juego de sábanas moradas con círculos fucsia. Lo vi en oferta en la tienda, así que lo compré. Lo bueno fue que olvidé lavarlo antes de usarlo, y mi pijama se ha ido tiñendo morado con el paso de los días.

Con respecto a mis clases, ya estoy más acostumbrado al horario, y ya logro comprender sin tanto dolor de cabeza el acento británico de la gente, incluso cuando tengo sueño, lo cual es un alivio porque tengo sueño siempre entre las 9 y las 12 del día, y entre las 2 y las 5 pm.

Mi curso
Con mis compañeros hay muy buena onda en general, y unas tres semanas tuvimos un carrete con todo el curso donde gocé de gran popularidad gracias a mi ukelele, y donde tuve la oportunidad de enseñarle a bailar salsa a algunos gringuillos. Creo que si hace tres meses atrás alguien me hubiera dicho que yo estaría enseñándole a otra gente a bailar, me habría reído e indigestado a la vez. Tal vez también le habría golpeado la cabeza con una caja de cuscus, pero en Chile es muy caro y no valdría la pena. Pero he aquí, incrédulos, que soy como el Ángel Torres de Cricklewood. Aunque en realidad, para ser justos, la que llevaba la batuta de la salsa era Marina, mi compañera argentina, y yo era el palo blanco entusiasta.

Dejando la grande con el ukelele
Gente extraña
Aparte de todo esto, ya me he ido haciendo de algunos amigos en el curso (aunque más que nada amigas, por alguna razón), lo cual es bastante meritorio en este país donde la gente con suerte se saluda y donde el contacto físico más cercano se da cuando uno se sube al metro. Claro que basta que la gente se tome una cerveza para que se pongan eufóricos y te abracen y te digan “I love you”… Aunque en realidad eso con el curso pasaba más al principio, ahora está más interactiva la cosa en general, además que nos vemos todos los días y en las peores pintas (sobre todo después de las clases de danza, donde salen todos despeinados, traspirados, y además la sala inexplicablemente no tiene ventanas, y el olor que se acumula luego de 3 o 4 clases en un día con cursos distintos sudando la gota gorda es francamente ofensivo).   

Cerveceando con Jackie y Josh

Afuera del teatro de Los Miserables con Molly y Shannon (no vimos la obra, sólo nos sacamos la foto)

Lo bueno es que como tenemos que ir siempre de negro a clases, no hay muchas opciones y así uno no pierde tiempo en la mañana pensando qué ponerse. Lo malo es que tuve que comprarme más poleras negras, porque necesito una para cada día de clases. Lo bueno es que acá existe una tienda de ropa muy barata que se llama Primark, y me compré unas poleras negras a como 1.500 pesos chilenos cada una. Lo malo es que dicen que Primark tiene esos precios porque hace trabajar a niños en la India por unos sueldos miserables. Lo bueno es que no me consta que sea cierto, y mi bolsillo lo agradece mucho. Lo malo es que si es verdad, estaría con mis compras apoyando la explotación de niños en la India. Lo bueno es que Chile clasificó para el mundial. Lo malo es que no está Moisés Villarroel en el equipo. Lo bueno es que Moisés Villarroel no está en el equipo.


Y gracias a que en la escuela tenemos descuentos para algunas obras (y a que mis compañeros por alguna razón siempre se enteran de estrenos, ofertas y demases que yo nunca sé), ya hemos ido a ver varios musicales, aunque ninguno todavía que me parezca tan fantástico. Aun así ha sido muy interesante ver tantas cosas (de hecho, he ido más al teatro en estas semanas que en todo el año pasado), además que acá si uno tiene suerte puede encontrarse con celebridades, como unas compañeras que fueron al pre-estreno de un musical que escribió Tim Rice, y se lo toparon en el intermedio y se sacaron fotos con él.

Les recuerdo que el 30 de octubre es mi cumpleaños, así que pueden dejar sus donaciones en mi cuenta del Banco Santander en Chile. Aquí lo celebraré en la casa de unas compañeras que están organizando una especie de fiesta de cumpleaños-Halloween, así que tengo que pensar en algún disfraz. Se aceptan sugerencias.

PD: Tenía fotos del depto, pero se me borraron, así que mañana saco algunas y las agrego.