Como antes de partir algunos personajes me dijeron cosas tipo "anda contando en qué andas", "manténnos al tanto", o incluso "me encanta recibir tus mails", decidí crear este blog donde iré escribiendo lo que me parezca interesante o digno de contarse de las cosas que me suceden en este tiempo en Londres.
Probablemente escribiré cuando a) tenga el tiempo, y b) cuando me dé la gana. A menos de que esto sea un éxito de taquilla (lo cual dudo) y lleguen hordas de fanáticos, o al menos Bill Clinton o Alfredo Lamadrid a pedirme que escriba una vez a la semana, o qué se yo.
En fin. Lo primero es que este blog me pide que ponga un título, así que puse lo primero que se ocurrió, en homenaje a este jocoso momento de la tv chilena ochentera:
http://www.youtube.com/watch?v=CatkGaBda8c
Despejada la interrogante sobre el título, comenzaré.
Sobre el viaje en avión, no hay mucho que decir, salvo que me tocó sentarme al lado de una especie de orangután que ocupaba asiento y medio con sus brazos que no le cabían en otra parte que no fuera el asiento del lado. O sea, el mío. No sé cuánto tiempo habrá que esperar para que las líneas aéreas comiencen a cobrar extra no por el sobrepeso de las maletas, sino el de los pasajeros (qué sentido tiene que una aerolínea pueda cobrar extra por llevar 2 o 3 kilos de sobrepeso en las maletas, pero que dé lo mismo que un pasajero pese 60, 85 o 140 kilos?). O que al menos, destinen asientos más grandes para personas gordas, de manera que no conviertan en un tormento el viaje para el pobre desgraciado que tuvo la mala suerte de ir sentado al lado.
En este mundo actual de tontos graves y eufemismos ridículos, a uno lo pueden demandar por decir algo así, pero no me vengan con cosas. Ya el espacio entre asientos de los aviones es lo bastante estrecho, como para además tener que aguantar los excedentes de cuerpo de tu vecino usando buena parte de tu poco espacio vital.
Si alguien desea profundizar en este tema, recomiendo la siguiente columna de Woody Allen:
http://www.letropolis.com.ar/2007/06/allen.sobre.htm
En fin, pese a todo logré sobrevivir a esas 13 horas aciagas, e incluso pude dormir un rato gracias a que elegí una película horrenda de fome en la pantallita. Claro que fue después de haber visto varios capítulos de series y la película "No", que me pareció bastante simpática.
Al llegar a Inglaterra, lo más emocionante resultó ser el usar por primera vez mi pasaporte italiano. Llegué preparado con mi carpeta con cartas de aceptación de la universidad y todo eso, pero finalmente sólo debí atravesar por una especie de marco de puerta, poner mi pasaporte en un lector, mirar una cámara para una foto, y listo. Nada de preguntas, nada de las típicas caras feas que a uno le ponen en los aeropuertos.
Sin embargo, igual eché de menos el contacto humano, aunque sea ese extraño y torpe trato de funcionario público (de hecho, al salir de Chile, tuve una escena de lo más curiosa. Luego de despedirme de mi familia y de mi linda polola, llegué a Policía internacional con los ojos llorosos. Ante ello, la funcionaria de la PDI que me atendió, intentaba consolarme diciendo "no se preocupe, en estos viajes largos uno aprende tantas cosas que vale la pena el sacrificio"). Ni siquiera tuve un "Welcome to England" de cortesía.
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| El único que me saludó en el aeropuerto de Londres. |
Luego pesqué mis maletas y sentí esa magnífica soledad de llegar a un país después de un largo viaje y que nadie te esté esperando. Tomé el metro (que llega hasta el aeropuerto así que no hay hordas de taxistas cuando uno sale), y luego de como una hora y media llegué al depto donde estaré un par de semanas hasta que encuentre algo más definitivo. Llegué acá porque lo arrienda un amigo de una amiga mía que está acá, y que justo se les liberó una pieza por los primeros días de septiembre.
El barrio es muy rico, lleno de árboles, hay unos parques gigantes donde la gente hace asados, anda en bicleta, juega feliz deportes tan ñoños como las "naciones" (lo único que recuerdo es que alguien tira una pelota hacia arriba), en fin... me hizo recordar a la plaza de Los Domínicos, donde ahora por disposición municipal, están prohibiendo que se realicen picnics o deportes, con unas excusas escalofriantemente estúpidas.
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| El barrio donde estoy viviendo estos días |
Por otro lado, los supermercados están llenos de comida india, árabe y cosas así (ya que aquí está lleno de gente de todo el mundo), así que lo he pasado fantástico yendo a supermercados y encontrando todas esas cosas curiosas, como salsas de piña con pimentón o barriles de cus cus con especias raras (me compré uno que me dará de comer de aquí a varias semanas). De hecho, el cus cus es de los pocos productos que acá es harto más barato que en Chile.
Lo otro que es harto más barato que en Chile, son los planes de celular. Es bien insólito que en esta ciudad, que es de las más caras del mundo, los planes de celular (y el cus cus) cuestan hasta menos de la mitad que en Santiago. Yo acabo de contratar uno muy similar al que tengo en Chile, a 8 lucas en vez de 25. La única conclusión es que los operadores de celulares en Chile (y los importadores de cus cus) nos están robando con sus precios ridículos.
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| Salchichas vegetarianas Linda McCartney. Como las que vende Apu en el Kwik e Mart. |
Aparte de caminar por las plazas y hacer visitas turísticas a los supermercados (que son mucho más chicos que en Chile, y no matan el comercio minoritario ni los almacenes de barrio), ya hice una visita de rigor al West End, y agarré una entrada con descuento para "Stomp", que es un show muy simpático donde hacen ritmos y coreografías usando todo tipo de objetos cotidianos, desde tarros de basura, escobas y ollas, hasta encendedores, carros de supermercados o incluso el diario. Muy entretenido, los actores (o percusionistas, bailarines, no sé que será esa gente) excelentes, y logró mantenerme despierto una hora y media (de la hora cuarenta que duraba en total), lo cual es muy meritorio para mi actual falta de adecuación al horario, y para mi capacidad de quedarme dormido en cualquier espectáculo en general.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Llevo ya tres días aquí, y ni la Reina Isabel, ni el Príncipe Carlos, ni tampoco el primer ministro han ido a trepar ningún montón de escombros ni se han resbalado ni caído al suelo como nuestro Presidente. Esas son las cosas que uno echa de menos de la patria.
Bueno, hasta aquí llega este primer reporte. Cualquier comentario, sírvase hacerlo más abajo.
OIB