sábado, 23 de noviembre de 2013

El invierno ya está aquí, y todavía no es invierno

La puntualidad inglesa es un fenómeno muy interesante, misterioso y casi inabordable para nosotros los sudamericanos, acostumbrados a que 5 minutos tarde en realidad dan lo mismo, o a que vaya a hacer uno la tontera de, si te invitan a un cumpleaños a las 10, llegar a las 10, ya que además de que a esa hora no habrá llegado nadie, lo más probable es que ni el cumpleañero esté listo y tengas que sentarte en el living solo y soportando algún silencio incómodo o, peor aún, una conversación incómoda con algún familiar del festejado.

Aquí no: ser puntual no significa llegar a la hora, sino que a esa hora estar listo en el lugar convenido. Por eso, la gente se planifica para llegar antes de la hora convenida, 5, 10, hasta 15 minutos antes. Desconozco el origen de esta tradición de puntualidad, pero infiero que puede ser la influencia del clima, porque aunque el invierno comienza el 21 de diciembre, todo indica que llegó puntualmente un mes y medio antes de esa fecha.
Mi depto (es el que está a nivel del suelo, desde el centro hacia los arbolitos), en un raro día de sol.
Una vista del barrio cerca de mi depto. En una sola cuadra, hay restoranes y almacenes de como 10 países distintos



Hotel The Crown; posiblemente el lugar más glamoroso cerca de mi depto en 20 cuadras a la redonda



En efecto, el frío está cada vez más instalado en esta ciudad, y como todo en este país, en forma muy estable y sin sobresaltos; así que básicamente no hace un frío que te congele los huesos, pero sí que se mantiene constante y con un rango que no escapa de los 6° y 1° Celsius. Así que todo indica que tendré que cambiar el plumón penca de 5 libras que me compré cuando llegué, y comprarme uno que de verdad abrigue.

A todo esto, para quienes se preocuparon por mi dormir luego de mi reporte anterior, puedo decirles que me compré un lindo colchón en una tienda llamada Argos, donde lamentablemente no venden globos, y de hecho uno entra y pareciera que no venden nada porque sólo hay unos mesones con computadores y unas especies de guías de teléfono. La magia es que esas guías de teléfono son en realidad catálogos con todos los productos que tienen, uno anota el código de lo que uno quiere, se lo pasa al vendedor y este lo va a buscar a una bodega gigante a la que ningún ser humano puede entrar. Después de un rato vuelven con lo que uno quiere comprar, y listo. Aunque es bastante práctico y a uno le evita esas caminatas en el homecenter con esos vendedores que se acercan para ofrecerte ayuda cuando uno no la quiere, y que cuando los necesita no aparecen por ningún lado, se pierde todo el romanticismo de encontrar un cojín, una lámpara de velador o un tornillo de 3 pulgadas, tomarlo, acariciarlo y luego decidir si comprarlo o no. El asunto es que compré mi colchón, que además venía aspirado y enrollado al vacío en una bolsa, así que me lo traje caminando desde la tienda, y mientras lo cargaba pensaba en la torpeza de haber comprado un colchón sin siquiera haberlo podido probar antes. Una vez en la casa, lo saqué de su bolsa, lo tiré arriba de mi colchón viejo, y he aquí que creció y creció como esos monitos de esponja que uno los ponía en agua en agua caliente y crecían, y luego que crecían perdían toda su gracia y uno los abandonaba y se entregaba nuevamente a la cálida luz del Nintendo. Yo no tenía Nintendo, pero mi primo sí y jugábamos muchas horas, tanto así que para mi cumpleaños me mandó un video de un juego de Atari que jugábamos cuando chicos con una gráfica realmente horrenda, pero que me trajo muy lindos y melancólicos recuerdos.

Sí, porque hace unas semanas estuve de cumpleaños, así que mis bellas amigas y compañeras de curso Molly, Laura, Shannon y Erikka me organizaron una especie de fiesta de cumpleaños-Halloween, que estuvo de lo más simpática y donde estuvieron gran parte de mi curso y también mis buenos amigos Berni y Shico, y otra gente que no sé quienes eran y que tampoco recuerdo mucho en realidad. Como mis amigas que organizaron la cosa se disfrazaron de “Prom Queens” (algo así como “Reinas de la fiesta de graduación”) ochenteras, yo fui como “Prom King”, en un look digno de… no sé. Mejor dejo la foto.


Con mi torta de cumpleaños. Nótese que incluye mi nombre



Con Erikka, Shannon, Molly y Laura

Erikka, Barney pirata y Harry Potter

El Shico después que la Frida le pegó un botellazo


Más gente rara


Aunque obviamente fue raro pasar el cumpleaños lejos de la familia y los viejos amigos, fue bonito también celebrarlo con estos nuevos amigos que he podido conocer acá. Además, pude librarme de invitar a ciertas personas en Chile que francamente me hacen desfallecer de tedio. Haha, es broma. Broma? No lo sé. En Londres el humor es tan distinto…

Por otro lado, la vida y las clases por acá siguen como siempre, intensas y entretenidas. Hemos hecho un par de “performances” con el curso, de cosas bastante curiosas, y en lugares bastante curiosos. La primera de ellas fue un “Poema coral” que presentamos junto a los cursos de Actuación Contemporánea y Clásica, en la capilla y en un salón del King’s College. Si quieren verla, está en este link, aunque es bastante extraño y dura como 10 minutos. Yo salgo en el minuto 6.02 del video aprox.

La segunda performance fue en una biblioteca que está cerca de mi universidad, de una pieza del compositor John Cage llamada 4’33’’, que básicamente consiste en que el director mira al coro, y cada cierto número de segundos (escritos en la partitura), hace una indicación para que todos demos vuelta una página. Así hasta que al cumplirse 4 minutos y 33 segundos, la cosa se acaba, el coro hace una reverencia y se va, y la gente no entiende nada. Acá un video de la misma pieza interpretada por una orquesta en el Barbican Theater de Londres.

Otra efeméride interesante de este tiempo fue por supuesto el partido de Chile con Inglaterra, el cual esperaba con ansias desde que llegué a Londres y fui a comprar mi entrada apenas estuvieron a la venta, ya que soy y siempre he sido el más fiel hincha de la Roja, y no podía sino contar las horas para poder ver en vivo a mis ídolos como Bambam Zamorano, Pato Toledo y Sandrino Castec.

El Evening Standard previo al partido

O para los incrédulos, la realidad del asunto es que no tuve idea del partido hasta como una semana antes, y tampoco pensaba ir, hasta que un amigo me llamó el día antes y me convenció de gastar 35 pounds en un partido de fútbol. Sin embargo, fue una muy graciosa experiencia, que partió desde el momento en que salí de la estación de metro Wembley y vi el estadio… realmente impresionante. Luego de recoger mi entrada en unas boleterías que me recordaban más al Teatro Municipal que al Estadio Nacional, entré al estadio y llegué a mi asiento ubicado a unos 30 metros de la barra chilena. Así que vi el partido sentado entre puros ingleses, pero cerca de los chilenos, lo cual me ofreció un espectáculo aún más interesante que el partido mismo.



Caminando a Wembley desde el metro, tal como quien camina por Campos de Deportes desde Irarrázaval

Una pantallita del estadio

Primero, recordar que cuando los chilenos se juntan en grupos grandes adoptan comportamientos más semejantes al de una manada de babuinos que al de un grupo humano, como lo son gritarse de un lado a otro, pasar a los empujones, saltarse la fila, ponerse prepotentes con los guardias sin razón alguna, etc.

Lo segundo, es confirmar que los ingleses son una especie de lo más curiosa. Por ejemplo, para reclamar un cobro al árbitro, en vez de gritarle la sarta de barbaridades irreproducibles que solemos hacer en Chile, ellos simplemente fruncían el ceño y gritaban un insultante “BUUUUUU”. O ante las buenas jugadas o incluso los goles de Chile, aplaudían. O incluso, cuando la barra chilena se burlaba y les gritaba “Chaoo weoones”, ellos devolvían amablemente el saludo.

Una bella vista desde mi asiento
Después del triunfo
Luego del partido, fuimos con algunos amigos chilenos a tomar unas cervezas y cosas así, y como acá todo cierra muy temprano, luego de que nos echaran del bar terminamos comiendo unos helados en Hagen-Dasz. Probablemente, el helado más caro de mi vida, pero valió la pena y ya había tomado suficiente cerveza como para que me diera lo mismo desembolsar 8 libras en un banana Split.

Termino esta presente edición mandando un abrazo muy grande a mis amigos Dela y Pachi, que se están casando mientras escribo. Ahora voy a tomarme algunas cidras en su honor.






domingo, 20 de octubre de 2013

Primera mitad del primer cuatrimestre

Cuando se cumplen 51 días de mi llegada a Londres –número muy simbólico ya que si consideramos los 40 días que Jesús pasó en el desierto, más los siete días de la creación, el día de la madre, el día del padre, el de la secretaria y el del funcionario público, suman exactamente 51-, puedo decir que mi vida en esta ciudad va lentamente encausándose hacia una cierta estabilidad. Claro que, a diferencia de un pololeo o relación romántica promedio, en la cual luego de unas 4 o 5 semanas la chispa inicial comienza a decaer, el entusiasmo se diluye y la vista se nos despeja para contemplar la realidad con toda su terrible y monstruosa monotonía, el hecho de entrar en una especie de rutina no ha abatido mi espíritu, sino que por el contrario, ha reforzado mis ganas y agradecimiento por estar estudiando en esta ciudad llena de gente tan rara.

Desde la última vez que escribí, estos han sido los sucesos más interesantes que me han sucedido:

Justo antes del 18 de septiembre, llegó mi querida hermana Valeria (pasó unos días por Londres antes de ir a Barcelona a hacer un magister), así que además de cederle mi pieza pudimos realizar diversas actividades recreativas, como pasear por lugares turísticos de la ciudad, comer en un buffet chino (donde comí la primera porción decente de carne desde que llegué), o ver El Rey León, o participar en el asado de 18 de septiembre que reunió a muchos chilenos que viven en Londres. Como dato interesante, en el asado se hizo una “votación” por los candidatos presidenciales chilenos, en la cual votamos como 90 personas y salió ganadora Evelyn Matthei. Mi candidato salió penúltimo.

 Justo después del 18 de septiembre, y luego de mucho buscar con magros resultados, encontramos un departamento junto con mi roomate Claudio (y nuestra roomate Ana Luz, aunque ella todavía estaba en Chile a esas alturas) en el barrio de Cricklewood, sector centro-norte de Londres. Así que ya el 25 de septiembre nos cambiamos a nuestro depto definitivo, que en realidad es como el primer piso de una casa, lo cual nos ahorra la cruda tarea de subir y bajar escaleras. Está situado en un barrio llamado Cricklewood, cerca de una calle llena de restoranes de comida típica de países tan variopintos como Sri Lanka, Pakistán, Etiopía (ni idea cuál será un plato típico de Etiopía), Líbano o Sudán. Y almacenes con comidas típicas de Hungría, Rumania, Polonia, Bulgaria y los típicos almacenes árabes que están en todas partes.
Lo amoroso de la situación es que muchos de los productos tienen las etiquetas en sus idiomas de origen, así que hace un par de semanas compré en el almacén polaco algo que todavía no sé bien si es mantequilla, lubricante intestinal o cera para autos. Y hace un par de días, encontré en el refrigerador de una tienda unos tarros semejantes a los de las pelotas de tenis, cuya etiqueta estaba en eslovaco y en alemán. Mi intriga de por qué conservaban pelotas de tenis en el refrigerador fue tal que tuve que pasar el texto en alemán al traductor de google en mi celular, y solo entonces comprendí que era queso de cabra con un toque de albahaca. Estaba en oferta, así que lo compré.



Con Claudio y la Flopi, antes de ver Charlie y la Fabrica de Chocolates

Durante estas últimas semanas llegaron mis simpáticos amigos chilenos Berni Batlle y Shico Ahumada, con quienes también hemos paseado por Londres, como un lindo almuerzo un día domingo en un restoran español en Notting Hill, donde nos tomamos la sangría más cara del mundo. Pero estaba bastante cabezona, así que pagamos la cuenta con total y alegre inconsciencia. Con la Berni además conocimos un emocionante especie de Homecenter, donde pude tomar de regalo unas tablas que sirvieron para reemplazar las tablas que faltaban bajo mi colchón, que a todo esto está tan malo que me hace dudar si los anteriores seres que lo usaron eran humanos o tal vez una pareja de elefantes marinos.
Porque, habéis de saber, como acá la gente se cambia tan seguido de casa, en general  cuando arrienda deptos, vienen amoblados e incluso con vasos, cubiertos y demases. En nuestro caso tenemos también una juguera, microondas, y una especie de parrilla eléctrica marca George Foreman que es bastante mala pero que no la he botado por respeto a George Foreman y su trayectoria en el boxeo. También había un pescado podrido en el freezer que impregnó su aroma en lo más profundo del alma del refrigerador, y que nos acompaña hasta hoy sutilmente.
Pero volviendo a mi colchón, tiene tantas protuberancias que a veces ya no sé si son resortes carreteados, o tal vez osamentas de ratones. No me atrevo a mirar… sólo sé que no le hace nada de justicia a mi juego de sábanas moradas con círculos fucsia. Lo vi en oferta en la tienda, así que lo compré. Lo bueno fue que olvidé lavarlo antes de usarlo, y mi pijama se ha ido tiñendo morado con el paso de los días.

Con respecto a mis clases, ya estoy más acostumbrado al horario, y ya logro comprender sin tanto dolor de cabeza el acento británico de la gente, incluso cuando tengo sueño, lo cual es un alivio porque tengo sueño siempre entre las 9 y las 12 del día, y entre las 2 y las 5 pm.

Mi curso
Con mis compañeros hay muy buena onda en general, y unas tres semanas tuvimos un carrete con todo el curso donde gocé de gran popularidad gracias a mi ukelele, y donde tuve la oportunidad de enseñarle a bailar salsa a algunos gringuillos. Creo que si hace tres meses atrás alguien me hubiera dicho que yo estaría enseñándole a otra gente a bailar, me habría reído e indigestado a la vez. Tal vez también le habría golpeado la cabeza con una caja de cuscus, pero en Chile es muy caro y no valdría la pena. Pero he aquí, incrédulos, que soy como el Ángel Torres de Cricklewood. Aunque en realidad, para ser justos, la que llevaba la batuta de la salsa era Marina, mi compañera argentina, y yo era el palo blanco entusiasta.

Dejando la grande con el ukelele
Gente extraña
Aparte de todo esto, ya me he ido haciendo de algunos amigos en el curso (aunque más que nada amigas, por alguna razón), lo cual es bastante meritorio en este país donde la gente con suerte se saluda y donde el contacto físico más cercano se da cuando uno se sube al metro. Claro que basta que la gente se tome una cerveza para que se pongan eufóricos y te abracen y te digan “I love you”… Aunque en realidad eso con el curso pasaba más al principio, ahora está más interactiva la cosa en general, además que nos vemos todos los días y en las peores pintas (sobre todo después de las clases de danza, donde salen todos despeinados, traspirados, y además la sala inexplicablemente no tiene ventanas, y el olor que se acumula luego de 3 o 4 clases en un día con cursos distintos sudando la gota gorda es francamente ofensivo).   

Cerveceando con Jackie y Josh

Afuera del teatro de Los Miserables con Molly y Shannon (no vimos la obra, sólo nos sacamos la foto)

Lo bueno es que como tenemos que ir siempre de negro a clases, no hay muchas opciones y así uno no pierde tiempo en la mañana pensando qué ponerse. Lo malo es que tuve que comprarme más poleras negras, porque necesito una para cada día de clases. Lo bueno es que acá existe una tienda de ropa muy barata que se llama Primark, y me compré unas poleras negras a como 1.500 pesos chilenos cada una. Lo malo es que dicen que Primark tiene esos precios porque hace trabajar a niños en la India por unos sueldos miserables. Lo bueno es que no me consta que sea cierto, y mi bolsillo lo agradece mucho. Lo malo es que si es verdad, estaría con mis compras apoyando la explotación de niños en la India. Lo bueno es que Chile clasificó para el mundial. Lo malo es que no está Moisés Villarroel en el equipo. Lo bueno es que Moisés Villarroel no está en el equipo.


Y gracias a que en la escuela tenemos descuentos para algunas obras (y a que mis compañeros por alguna razón siempre se enteran de estrenos, ofertas y demases que yo nunca sé), ya hemos ido a ver varios musicales, aunque ninguno todavía que me parezca tan fantástico. Aun así ha sido muy interesante ver tantas cosas (de hecho, he ido más al teatro en estas semanas que en todo el año pasado), además que acá si uno tiene suerte puede encontrarse con celebridades, como unas compañeras que fueron al pre-estreno de un musical que escribió Tim Rice, y se lo toparon en el intermedio y se sacaron fotos con él.

Les recuerdo que el 30 de octubre es mi cumpleaños, así que pueden dejar sus donaciones en mi cuenta del Banco Santander en Chile. Aquí lo celebraré en la casa de unas compañeras que están organizando una especie de fiesta de cumpleaños-Halloween, así que tengo que pensar en algún disfraz. Se aceptan sugerencias.

PD: Tenía fotos del depto, pero se me borraron, así que mañana saco algunas y las agrego.

martes, 17 de septiembre de 2013

Casi 3 semanas ya

En vísperas de las Fiestas Patrias que no tendré, comienzo este segundo reporte desde Londres. Mientras ustedes se comerán el manso asado, yo estaré aquí mirando con anhelo y desdén la carne del supermercado, que es tan cara que pareciera que acá las vacas son de oro o al menos de molibdeno, zinc o plomo. En cualquier caso, la única carne que he comido desde que llegué ha sido un guiso de cordero en un local de comida turca en la feria de Camden, que luego me pateó la guata un buen rato. Aunque también puede haber sido el chile ultra picante que le eché al plato, contra la advertencia del señor turco que me vendió la comida.

Desde la última vez que escribí han sucedido varios sucesos, ya que han pasado más de dos semanas, si no me equivoco. Para resumir, algunos de los hechos más pintorescos, o los que mas me importan a mi, aquí van:

  •      Mis primeros días los dediqué a pasear, leer y visitar lugares turísticos de la ciudad, de los cuales no saqué muchas fotos porque mi celular saca fotos muy malas, y además la batería está muy mala y me compré otra en un sucucho de mala muerte y resultó ser un bodrio. Sin embargo, como soy un hombre más agudo que el promedio, fotografié cosas a las que nadie les da bola, como un parquecillo donde fui a caminar y leer, y en lugar de encontrarme con quiltros, hallé ciervos, en lugar de moscas, he aquí que vi mariposas; en vez de guarenes, ardillas que clasifican la basura y la echan en el basureros correspondiente para reciclar.
Quiltros londinenses

  •           Algunos días después que yo, llegó Claudio, que en ese entonces era un pseudo conocido ya que nos habíamos visto una vez y hablado por facebook otras cuantas (aunque a decir verdad, lo conocía más por la tele gracias a su trayectoria en teleseries como Romané, y no sé cuál más, porque esa ha sido la única teleserie que he visto). En estas semanas nos hemos visto harto entre paseos por la ciudad y buscando algún departamento para vivir, búsqueda que ha sido de lo más infructuosa que hay. Pero tenemos fe, aún.
  •           A propósito de lugares interesantes, aparte de la feria de Camden que ya mencioné –que es una especie de feria Santa Lucía mezclado con el Persa si fuera un lugar cool y estuviera lleno de punks y gente gótica y cualquier tipo de ser humano en general-, he aprovechado de pasear por varios lugares emblemáticos de la ciudad, como la abadía de San Paul, la Torre de Londres, el puente de la Torre, el cerro Calán y el Bowling de Apoquindo. Como ya dije, no saqué fotos de estos lugares, pero si los buscan en google encontrarán fantásticas imágenes.
El Teatro Caupolicán de Londres
  •          Gracias a que Claudio es amigo de todo el mundo, el sábado entramos gratis al London Eye (esa especie de rueda de la fortuna gigante) y a London Dungeons, una especie de Mansión Siniestra de Fantasilandia, donde los monos animatronix del año 85 son reemplazados por actores, y que además es un paseo educativo por todos los lugares tenebrosos y personajes macabros de Londres desde el siglo XVI hasta el XIX. Así que al mismo tiempo de asustarse, uno aprende. Un concepto similar al de mis clases de catequesis en el colegio.
  •       Además, ayer fuimos a ver, nuevamente en forma gratuita, el musical Wicked, que me habían recomendado con bombos y platillos, pero que en el fondo no disfruté tanto como el sándwich de camarones con mayonesa que me comí antes de entrar. Pero como a caballo regalado no se le miran los dientes, dejaré mi crítica teatral para alguna ocasión donde ya no tenga tema para escribir aquí.
  •       Pero sí disfruté de buena gana una versión bastante post moderna de Fuenteovejuna que fui a ver el domingo pasado con Florencia (una chilena amiga de Claudio que conocía a algunos actores de la compañía). La obra era en una especie de galpón, donde uno se sentaba alrededor, y además la entrada incluía una cerveza, con lo cual se ganaron mi corazón desde el comienzo. La puesta en escena era muy simple, pero muy graciosa, y con momentos interactivos, como por ejemplo el matrimonio de Laurencia y Frondoso (supongo que todos se leyeron Fuenteovejuna, no me vengan con leseras) donde el público podía bailar o ir a recibir el ramo, o el momento cuando el pueblo conspira contra el comendador Fernán Gómez, que tuvimos que bajar al patio gritando “Todos a una, Fuenteovejuna!”, y para matar al comendador tuvimos que lanzarles bombitas de agua. Todas las personas que me conocen bien saben que mi sueño teatral es hacer una obra donde los actores lancen bombas de agua al público… esto se acercó bastante.
Local de Fuenteovejuna


En otro ámbito de la vida, y por si todo esto fuera poco, y como si esto ya no fuera una exceso de escritura, el lunes pasado comenzaron mis clases.



Mi colegio


La salita de presentaciones de mi colegio

Osvaldo Andreas, en honor a mis antepasados alemanes


Ha sido todo bastante intenso, pero entretenido al mismo tiempo. Para resumir, he de decir que en mi curso somos 20, y hay gente de muchos lados: de EEUU, Irlanda, Australia, Trinidad y Tobago (apuesto que muchos de ustedes ni siquiera sabía que había un país con ese nombre, manga de ignorantes), Canadá, China y una compañera de Argentina, así que al terminar el día con un exceso de información en la cabeza al menos tengo alguien con quien hablar en español.
De hecho me ha pasado que me siento bastante torpe hablando inglés… yo que me creía el Profesor Campusano de la lengua inglesa, pero no señor! Entenderle a esta gente inglesa que a veces tiene acentos muy cerrados me cuesta bastante por momentos (sobre todo en las mañanas cuando estoy muerto de sueño), pero lo bueno es que en el curso ya nos hemos ido haciendo pseudo amigos entre todos y siempre hay alguien a quien preguntarle o a quien copiarle. Además, tengo el consuelo de que la niña de China (que es muy chistosa en todo caso) siempre está más perdida que yo.
Dentro de mis clases, tengo acondicionamiento físico (con un profesor negro bastante estupendo que al parecer fue primer bailarín en El Rey León y coreógrafo en el Cirque du Soleil), canto grupal y personal (con una profesora mexicana mu y graciosa), movimiento, danza, actuación, voz hablada, coro, “acting through song” (o sea, actuación a través de canción) y otra cosa que se llama research no sé cuánto y que en realidad todavía no entiendo bien de qué se trata.
Dentro de lo más curioso que me ha pasado en estas clases, fue en la clase de coro, donde una de las canciones que cantamos tenía cierta onda de samba, y la profesora nos hizo empezar a movernos según lo que “sintiéramos” de la música. Mientras todos hacían cualquier cosa, yo hice unos humildes pasos que no sé si son de samba, de cumbia o de la refalosa, pero al final de la clase la profesora me felicitó (y también a la niña argentina) por mis naturales dotes dancísticos latinos. Y en la clase de movimiento, gracias a mis seductores movimientos de caderas una compañera gringa me tildó de “latin lover”.

Esto me ha enseñado una gran lección: en el fondo, la solución a nuestros problemas no pasa por cambiar nosotros, sino por situarnos en contextos donde nuestros defectos sean menores a los del resto. Así, si usted es malo para la pelota y quiere ser seco, no se esfuerce; más bien, váyase a vivir a un lugar donde todos sean igual o más malos que usted. Si usted se siente gordo, vaya a vivir entre obesos mórbidos, y se sentirá todo un atleta. Si usted es feo, búsquese una familia de babuinos, y en medio de ellos será tan lindo como Brad Pitt (o mi profesor de acondicionamiento físico).


Pijamas para hombres adultos en una tienda llamada Primark o algo así.
Ésta es la clase de cosas que sólo se pueden aprender cuando uno viaja. Así que mientras ustedes celebran el 18 de septiembre sin saber (como buenos chilenos) qué es lo que realmente se conmemora ese día, les dejo este educativo video sobre el verdadero significado de la independencia:


lunes, 2 de septiembre de 2013

Llegada a Londres


Como antes de partir algunos personajes me dijeron cosas tipo "anda contando en qué andas", "manténnos al tanto", o incluso "me encanta recibir tus mails", decidí crear este blog donde iré escribiendo lo que me parezca interesante o digno de contarse de las cosas que me suceden en este tiempo en Londres.

Probablemente escribiré cuando a) tenga el tiempo, y b) cuando me dé la gana. A menos de que esto sea un éxito de taquilla (lo cual dudo) y lleguen hordas de fanáticos, o al menos Bill Clinton o Alfredo Lamadrid a pedirme que escriba una vez a la semana, o qué se yo.

En fin. Lo primero es que este blog me pide que ponga un título, así que puse lo primero que se ocurrió, en homenaje a este jocoso momento de la tv chilena ochentera: http://www.youtube.com/watch?v=CatkGaBda8c

Despejada la interrogante sobre el título, comenzaré.

Sobre el viaje en avión, no hay mucho que decir, salvo que me tocó sentarme al lado de una especie de orangután que ocupaba asiento y medio con sus brazos que no le cabían en otra parte que no fuera el asiento del lado. O sea, el mío. No sé cuánto tiempo habrá que esperar para que las líneas aéreas comiencen a cobrar extra no por el sobrepeso de las maletas, sino el de los pasajeros (qué sentido tiene que una aerolínea pueda cobrar extra por llevar 2 o 3 kilos de sobrepeso en las maletas, pero que dé lo mismo que un pasajero pese 60, 85 o 140 kilos?). O que al menos, destinen asientos más grandes para personas gordas, de manera que no conviertan en un tormento el viaje para el pobre desgraciado que tuvo la mala suerte de ir sentado al lado.

En este mundo actual de tontos graves y eufemismos ridículos, a uno lo pueden demandar por decir algo así, pero no me vengan con cosas. Ya el espacio entre asientos de los aviones es lo bastante estrecho, como para además tener que aguantar los excedentes de cuerpo de tu vecino usando buena parte de tu poco espacio vital.

Si alguien desea profundizar en este tema, recomiendo la siguiente columna de Woody Allen: http://www.letropolis.com.ar/2007/06/allen.sobre.htm

En fin, pese a todo logré sobrevivir a esas 13 horas aciagas, e incluso pude dormir un rato gracias a que elegí una película horrenda de fome en la pantallita. Claro que fue después de haber visto varios capítulos de series y la película "No", que me pareció bastante simpática.

Al llegar a Inglaterra, lo más emocionante resultó ser el usar por primera vez mi pasaporte italiano. Llegué preparado con mi carpeta con cartas de aceptación de la universidad y todo eso, pero finalmente sólo debí atravesar por una especie de marco de puerta, poner mi pasaporte en un lector, mirar una cámara para una foto, y listo. Nada de preguntas, nada de las típicas caras feas que a uno le ponen en los aeropuertos.

Sin embargo, igual eché de menos el contacto humano, aunque sea ese extraño y torpe trato de funcionario público (de hecho, al salir de Chile, tuve una escena de lo más curiosa. Luego de despedirme de mi familia y de mi linda polola, llegué a Policía internacional con los ojos llorosos. Ante ello, la funcionaria de la PDI que me atendió, intentaba consolarme diciendo "no se preocupe, en estos viajes largos uno aprende tantas cosas que vale la pena el sacrificio"). Ni siquiera tuve un "Welcome to England" de cortesía.

El único que me saludó en el aeropuerto de Londres.

Luego pesqué mis maletas y sentí esa magnífica soledad de llegar a un país después de un largo viaje y que nadie te esté esperando. Tomé el metro (que llega hasta el aeropuerto así que no hay hordas de taxistas cuando uno sale), y luego de como una hora y media llegué al depto donde estaré un par de semanas hasta que encuentre algo más definitivo. Llegué acá porque lo arrienda un amigo de una amiga mía que está acá, y que justo se les liberó una pieza por los primeros días de septiembre.

El barrio es muy rico, lleno de árboles, hay unos parques gigantes donde la gente hace asados, anda en bicleta, juega feliz deportes tan ñoños como las "naciones" (lo único que recuerdo es que alguien tira una pelota hacia arriba), en fin... me hizo recordar a la plaza de Los Domínicos, donde ahora por disposición municipal, están prohibiendo que se realicen picnics o deportes, con unas excusas escalofriantemente estúpidas.
El barrio donde estoy viviendo estos días



Por otro lado, los supermercados están llenos de comida india, árabe y cosas así (ya que aquí está lleno de gente de todo el mundo), así que lo he pasado fantástico yendo a supermercados y encontrando todas esas cosas curiosas, como salsas de piña con pimentón o barriles de cus cus con especias raras (me compré uno que me dará de comer de aquí a varias semanas). De hecho, el cus cus es de los pocos productos que acá es harto más barato que en Chile.

Lo otro que es harto más barato que en Chile, son los planes de celular. Es bien insólito que en esta ciudad, que es de las más caras del mundo, los planes de celular (y el cus cus) cuestan hasta menos de la mitad que en Santiago. Yo acabo de contratar uno muy similar al que tengo en Chile, a 8 lucas en vez de 25. La única conclusión es que los operadores de celulares en Chile (y los importadores de cus cus) nos están robando con sus precios ridículos.
Salchichas vegetarianas Linda McCartney. Como las que vende Apu en el Kwik e Mart.

Aparte de caminar por las plazas y hacer visitas turísticas a los supermercados (que son mucho más chicos que en Chile, y no matan el comercio minoritario ni los almacenes de barrio), ya hice una visita de rigor al West End, y agarré una entrada con descuento para "Stomp", que es un show muy simpático donde hacen ritmos y coreografías usando todo tipo de objetos cotidianos, desde tarros de basura, escobas y ollas, hasta encendedores, carros de supermercados o incluso el diario. Muy entretenido, los actores (o percusionistas, bailarines, no sé que será esa gente) excelentes, y logró mantenerme despierto una hora y media (de la hora cuarenta que duraba en total), lo cual es muy meritorio para mi actual falta de adecuación al horario, y para mi capacidad de quedarme dormido en cualquier espectáculo en general.

Sin embargo, no todo es color de rosa. Llevo ya tres días aquí, y ni la Reina Isabel, ni el Príncipe Carlos, ni tampoco el primer ministro han ido a trepar ningún montón de escombros ni se han resbalado ni caído al suelo como nuestro Presidente. Esas son las cosas que uno echa de menos de la patria.

Bueno, hasta aquí llega este primer reporte. Cualquier comentario, sírvase hacerlo más abajo.

OIB