domingo, 15 de junio de 2014

Fresh, Warm, Bread

La última vez que escribí, me excusé por haberme tomado más de dos meses desde la última vez. Como soy un hombre de tradiciones, comienzo esta vez pidiendo excusas nuevamente. Esta vez fueron 3 meses, es decir, me superé a mí mismo, algo que este año en el curso nos han recalcado con mucho ahínco y tesón.  Así que comienzo estas líneas con el seductor consuelo moral que nos entrega la auto superación, la auto ayuda y Paulo Coelho.

Retomando la historia de mi vida académica ahí donde la dejé, en marzo tuve dos momentos álgidos: uno fue el “audition exam”, donde presentamos una canción y un monólogo ante una comisión de personalidades del teatro musical (que nos destrozaron a todos sin compasión), y luego el “Showcase”, donde cada persona del curso tenía que hacer su gracia en 90 segundos de canción y 90 segundos de texto hablado, para un público principalmente de agentes, directores de casting y amigos o parientes –en mi caso, nada de parientes porque son todos unos vacas y ninguno me vino a ver. En este video pueden escuchar la canción que cantamos a dúo con mi amiga Erikka, del musical “Aída”:

Luego del “Showcase” tuve dos semanas de vacaciones, y luego de un par de días de relajo sufrí la visita de mi hermosa María Jesús Weltz, importada directamente desde Chile. Tuvimos unos lindos días de paseos varios por Londres, ver musicales –obviamente fuimos a Los Miserables-, museos y demases, y luego tomamos un tren rumbo a París, así como quien va a Rancagua desde Estación Central.
Dándole castañas de Caju a las ardillas. Aca las ardillas no comen cualquier mugre, no señor!

Guerra de almohadas en Trafalgar Square.

Como mi dominio del francés es tan bueno como mis habilidades en el patinaje artístico, dejé que la Jesu hiciera todo el trabajo de hablar con la gente. Yo sólo me dediqué a comer y a pagar las cuentas, y a admirar la ciudad, que es de los lugares más increíbles que he conocido. Talca se queda bastante chico al lado de París, que quieren que les diga.
En la punta de la iglesia Sacre Couer. Al fondo, la Torre Eiffel.

Recorrimos Montmartre, subimos al techo de la Basilica del Sacre Coeur, pasamos por fuera del Moulin Rouge –que no tiene nada que envidiarle a esos cafés dudosos del centro de Santiago-, fuimos al Hotel de los Invalidos –que adentro tiene una “capilla” gigantesca construida por Luis XIV (o sea, no por él, pero fue su idea y otros trabajaron por él, pero él se llevó todo el crédito, guatón cochinón no más), y donde tuvimos la suerte de ir a la hora en que tocaban el órgano, y la desgracia de escuchar una señora, supuestamente cantante, haciendo la peor rendición del Ave María que alguien podría hacer jamás. Hasta Gaspar, el perro de mi casa en Chile que se come los chocolates que uno esconde en el cajón y luego vomita en la alfombra, podría cantar con mejor afinación y sentido humano.

Chocolates y galletas por doquier


The Bells of Notre Dame


Conocimos la Catedral de Notre Dame, caminamos románticamente por la rivera del Río Sena, y pasamos por una serie de parques y edificios y puentes y calles increíblemente bonitos. Tuve un momento de epifanía que me transportó a séptimo básico cuando pasamos frente a las ruinas del monasterio de Cluny, que probablemente ninguno de ustedes, gente ignorante, sepan qué es. Pero probablemente un par de mis viejos compañeros de colegio  lo recuerde.
Entre otros muchos lugares que recorrimos, pasamos también por la Torre Eiffel, que comparada con el resto de las maravillas de la ciudad, es bastante horrenda. Personalmente me quedo con la Torre Entel.
Mención especial para Versalles, realmente impresionante, tanto el interior, como los jardines (que deben tener la misma extensión de Talca entera), como los palacios “chicos” dentro de los jardines. Estuvimos todo un día y no pudimos recorrer todo. Y unas viejas rateras que atendían en la entrada me obligaron a dejar mi bolsa de comida en custodia, y cuando salimos al final del día ya se habían ido, y perdí mi hermoso queso brie, y dos croissant, y un jugo de naranja a medias y un chocolate Crunch. Estoy analizando medidas para que me los retornen.

El patio de atrás de la casa

La aldea medieval que María Antonieta mandó construir porque le gustaban las cosas medievales

La casa de veraneo de la vieja esa


También en París tuvimos el placer de compartir unos crépes callejeros (deliciosos, eso sí) y unas cervezas con mi querido amigo señor Panchuco Alvarado, que ya lleva unos años allá estudiando las locuras de la música contempoelectroránea.

Luego de 3 hermosos días y medio París, nos tomamos un tren (bastante venido a menos) rumbo a Niza, a visitar a un tío de la Jesu (Cristián) que vive allá, que nos atendió como reyes y que nos sacó a pasear a unos lugares impresionantes y nos llevó a comer a unos restaurantes más impresionantes aún. Creo que la "Cote d'azur" y la “Provence” francesa es de los lugares más bonitos que he conocido. Pueblos medievales en la punta de un cerro; ciudades como Niza o Antibes al borde del mar, con construcciones de la Edad Media o del Imperio Romano; paisajes increíbles, y oh Dios, qué comida.
Bicicleteando en Niza

La Côte d'Azur

Hermosa panadería

Ravioles, Gnocchi, ¿qué?


Además de conocer estos lindos lugares y gozar de la cocina local, aproveché este viaje para hacer una pseudo investigación cultural-geográfico-culinaria, preparándome para mi rol de panadero en el musical The Baker’s Wife, que empezaríamos a ensayar con mi curso a la vuelta de Francia, y que por esas hermosas casualidades de la vida, se desarrolla en la región de la Provence y el pan (y sus variedades francesas) es uno de sus temas principales.

La caleta de Antibes

Gourdon

Las callecitas de Gourdon

Restaurant "Nido del águila", al borde del abismo

Así que luego de una magnífica semana en Francia, volvimos a Londres, donde yo empecé con los ensayos de la obra esta y la Jesu se dedicó a recorrer tiendas de ropa mientras yo estaba en clases. Aprovechamos esos días para seguir paseando por la ciudad en las tardes y mis días libres, y también para seguir viendo obras varias. Entre otras, fuimos a ver el Fantasma de la Opera, donde nuevamente aproveché de saludar al excelente Gerónimo Rauch y nos quedamos un buen rato hablando con él y con la actriz que hace de Christine. Vimos también Urinetown, una de las mejores obras que he visto desde que estoy en Londres. Una maravilla, al igual que Once, que volví a ver mientras la Jesu lloraba en su asiento.

Con el Fantasma y Christine


Después de Semana Santa, la Jesu se volvió a Chile, así que fue una triste despedida en el aeropuerto, y una vuelta en metro hasta mi casa bastante deprimente. Pero lo bueno fue que con los ensayos de The Baker’s Wife tuve bastante con qué distraerme. Este musical es algo así como el “big show” del año en mi curso, ya que se presenta en el teatro de la universidad, con su buen nivel de producción y todo eso.

Diseño de mi vestuario

Tal como en la Beggars’ Opera, el proceso de ensayo de The Baker’s wife fue para mí una experiencia increíble, de mucho aprendizaje, y tuve la suerte de trabajar muy de cerca con el director Joe Deer. Joe vino directamente desde Ohio (EEUU) para trabajar con nosotros, y es uno de los directores más entusiastas y apasionados que he conocido, además de un excelente profesor, y un tipo muy cálido. Fue un lujo poder ser dirigido por alguien que conoce y quiere tanto el teatro musical.

La obra se trata básicamente de un panadero que llega con su mujer (mucho más joven que él) a vivir a un pueblo chico francés. Como la mujer es muy joven y bonita, todos los miran raro, y algunos hombres del pueblo la jotean hasta que uno de ellos consigue conquistarla y ella arranca con él. El panadero se deprime y deja de hacer pan, así que el pueblo se desespera por no poder tener pan decente y hacen un plan para encontrarla y que vuelva con su marido. Es una especie de comedia con sus tintes trágicos, y yo tuve el privilegio de interpretar al panadero. Y como en mi curso hay muchas mujeres, el rol de la mujer del panadero lo repartieron entre dos actrices que se turnaron las funciones. Así que tuve también la suerte de compartir escena en forma muy cercana con mis queridas amigas Laura y Molly. Y también tuve la hermosa oportunidad de tirar pedazos de pan con toda violencia al resto del elenco.

Con Joe, Laura y Garret

El panadero, sus mujeres y el ladrón de mujeres 

Micrófono n°1

Tuvimos 6 funciones en el teatro de la universidad, así que fue algo así como mi primera experiencia en una obra grande en Londres,  actuando en inglés y qué se yo. Después de esto, empezamos con una nueva unidad del curso que se llama “Extended performance”, que consiste en presentar una especie de espectáculo en un contexto fuera del teatro. En nuestro caso, vamos a presentarnos en algún lugar de la municipalidad de Camden, haciendo una especie de intervención teatral-musical en la calle. Estamos en proceso de creación del asunto, así que todavía no sé que irá a resultar.

Todos aman al panadero

The Baker and his lovely mujeres. 

Elenco, orquesta y técnicos del asunto


Aparte de la universidad, después de la Baker’s wife me salió mi primer trabajo como actor por estos lados. La profe de actuación que tuvimos a principios de año vio la obra, y me llamó para actuar en una producción de “La Tempestad” de Shakespeare que ella está dirigiendo y que se presenta a principios de julio en el Minack Theatre, que es un teatro al aire libre, construido en un acantilado al borde del mar en el extremo sur-oeste de Inglaterra. El lugar se ve bien impresionante, y es el lugar perfecto para presentar esta obra (que para todos los incultos, transcurre en una isla misteriosa y casi deshabitada). Y aparte de eso lo he pasado muy bien conociendo a un grupo de gente totalmente nuevo, y ensayando en un ambiente de trabajo fuera de la escuela. Obviamente es un buen desafío, ya que es en inglés antiguo, pero espero de aquí a octubre aprenderme mis líneas.

Y otra actividad que ha tenido un gracioso desarrollo los últimos meses ha sido nuestro grupo con la Berni Batlle y el Shico, que se llama “La China Veleidosa”, nombre que en algún momento propuse medio en serio medio en broma, y bueno, ahí quedó. Como decía Eros Ramazotti, “son las cosas de la vida”.
Aprovechando también la visita de Jose Batlle (hermano Batlle n° 42) que se nos unió con su charango y su melodiosa voz, tocamos en un evento en la Embajada de Chile y otro en una universidad que no recuerdo el nombre, así que es de esperar que la cosa siga adelante. Por ahora les dejo un lindo video de nuestra tocata:




Otra efeméride de este período, fue que hace un par de meses descubrí que tengo familiares (de tercer grado, pero familia al fin) viviendo en Londres. Anduvo de visita mi tío Alejandro Novoa, quien me invitó a una linda comida en la casa de su hija María de los Ángeles (es decir, mi prima) y de su marido Mario (el marido de mi prima, no de mi tío), a quienes no conocía pero conversando y tomando unas copas de vino vimos que tenemos varios amigos en común.

Para finalizar este relato, una reflexión sobre el clima, tema favorito de los ingleses para quebrar el hielo de cualquier conversación incómoda (o sea, el 90% de las conversaciones. Cuando toman alcohol, este porcentaje baja al 49%). La última vez que escribí me quejaba del frío y de los días cortos. Ahora que el verano ha llegado, han sucedido hitos muy interesantes:

- es la primera vez que salgo a la calle sin chaqueta o bufanda desde que estoy acá
- los días ahora son extremadamente largos. Amanece tipo 4.30, y se oscurece a las 10. Una maravilla.
- la semana pasada fue la primera vez que salgo a la calle sin chaleco, o polerón, o jerséy.
- ahora duermo con un plumón en vez de dos.

Seguramente olvidé alguno que otro detalle sabroso de este tiempo. Si lo recuerdo, lo anotaré en mi libreta de comunicaciones y se la contaré a todo aquel que me venga a visitar. No quiero terminar sin antes hacer una reflexión sobre este mundial y nuestra selección de fútbol, que acaba de vencer a Australia mientras yo observaba el partido tomando una cerveza Guiness rodeado de australianos:





lunes, 10 de marzo de 2014

Se nos vino marzo!!

Debo comenzar pidiendo una sincera disculpa a los fieles 18 seguidores de este blog, por no haber escrito nada desde hace más de 2 meses. Tengo 3 excusas:

- pereza
- negligencia
- exceso de trabajo

En verdad, en verdad os digo, esta vuelta a clases luego de las mini vacaciones de diciembre ha estado de lo más intensa. Apenas llegué, empezamos a ensayar para nuestra producción de The Beggars’ Opera (algo así como “La Ópera de los Mendigos”), que es una especie de musical que data de 1728. Según la crítica especializada y el profesor Campusano, es el primer musical de la historia. Para los entendidos en teatro, en esta obra se basó posteriormente Brecht para escribir “La ópera de tres centavos”. Para los no entendidos en teatro, es una obra súper bonita.

Parte de la escenografía. Como era la Opera de los Mendigos, todo el set estaba armado con materiales de basura.
Para darle un aire más contemporáneo, partimos haciendo una investigación sobre los actuales “beggars” londinenses, y sobre varios de los temas que toca la obra: corrupción, alcoholismo, drogadicción, prostitución, pena de muerte, y otras cosas igual de alegres y positivas. En el reparto de personajes, yo recibí uno de los principales; no me tocó cantar tanto, pero sí hablar mucho y el texto es en inglés antiguo, así que fue una tarea mayúscula aprenderme toda esa cosa. 


Algunos weirdos
and more weirdos

Pero también fue bien entretenido; me tocó trabajar bastante de cerca con el director, así que fue un gran aprendizaje. La puesta en escena fue bastante libre, y para casi todas las canciones usamos arreglos musicales que hicieron los directores musicales o algunos de mis compañeros, así que tuvimos mucho espacio creativo para inventar cosas raras y darle un toque muy personal a nuestros personajes. Por lo mismo, y por mi sensual acento latino, mi personaje (que en el texto original es una especie de jefe de los ladrones y del bajo mundo londinense en general) terminó siendo una especie de capo de la mafia colombiano. O una mezcla entre Al Pacino y Señor Zañartu. Aparte de actuar y cantar, nosotros mismos éramos la orquesta, así que a la mayoría nos tocó tocar algún instrumento. Yo pude estrenar en sociedad mi hermoso banjolele.

Nuestra alegre familia en el Backstage


My dearest Wife



My dearest hussy

Wanton hussies! (uno de tantos textos de la obra que aún no tengo idea qué significa



Tuvimos 6 presentaciones hace un par de semanas, en general resultó bastante bien y la gente que nos fue a ver quedó contenta. Fue una linda primera experiencia de montar una obra con el curso, y para mí también una muy buena primera oportunidad de actuar en inglés, y también de actuar por primera en Londres, y de dejarme un bigote fantástico por dos semanas, todo al mismo tiempo.

Apenas terminamos con la Beggars’ Opera, empezamos una unidad llamada “Preparación para audiciones”, donde básicamente nos dan todo tipo de tips para ir a castings, desde qué decir, como vestirse, qué repertorio elegir, etc. Así que también he estado con harta pega aprendiendo nuevas canciones, recordando viejas, buscando y aprendiendo monólogos, y bueno, eso.


Con mi banjolele y Brother Lockit en el carrete post Beggars' Opera. Las otras fotos del carrete no son posibles de mostrar.

Pero no todo por acá es vida académica. También hay frío, nubes, muchas nubes, y algo de lluvia. Eso sí, puedo decir que el invierno va retrocediendo lentamente. Sigue haciendo frío, pero ahora al menos hay un día de sol cada dos semanas, y se oscurece a las 5.30 en vez de las 4.15 de la tarde, así que para los estándares londinenses estamos viviendo prácticamente en el trópico.

Por otro lado, en este tiempo tuve un par de visitas ilustres, la Carola Rebolledo –mi estimada directora de “Mariposas” el año pasado- y la Trini Silva, aunque en realidad vino a visitar a la Berni Batlle y yo de rebote la vi algunas veces. En todo caso, compartimos interesantes aventuras como la pérdida de mi billetera a la vuelta de un carrete, una visita a un restaurant de comida de Bangladesh (nunca supimos lo que pedimos hasta que nos trajeron los platos) y además fue la única persona que vino directamente de Chile a verme en la Beggars’ Opera (lamentablemente llegaron tarde con la Berni y solo pudieron ver el segundo acto, donde yo menos salía, pero bueh…).

En estas semanas vi dos de las mejores cosas que he visto acá en el teatro: Once (un musical basado en la película del mismo nombre, excelente y simple al mismo tiempo), y Putting it Together, una especie de “Revue” o compendio con canciones de distintos musicales de Stephen Sondheim. También bastante simple, sólo cinco actores, pero de un nivel impresionante. Vi también en el Royal Albert Hall (una especie de megateatro espectacular) el show Quidam del Cirque du Soleil. Parece que me esperaba más, porque a ratos preferí mirar la arquitectura del teatro en lugar del show de gente saltando y haciendo malabares.
Y también vi una hermosa versión de Henry V protagonizada por Jude Law; lo único malo fue que como buena obra de Shakespeare está en inglés antiguo, así que a ratos no entendía casi nada, y de hecho nunca me quedó claro si la guerra la ganaron los ingleses o los franceses. Y la semana pasada fui a ver una obra llamada “Mystae”, bastante mala en realidad, gentileza de mi amiga Shannon que trabaja en el teatro, así que entramos gratis. Pero nos topamos en el hall del teatro con Stephen Fry, un actor inglés bastante connotado y con una panza de proporciones. Tanto, que me dio miedo acercarme para pedirle una foto.

Otra experiencia exótica de los últimos días fue gracias a que la Berni Batlle está dedicada entre otras cosas a tocar cuecas, y ha tocado en uno que otro bar de mala muerte. El asunto es que la invitaron a cantar a una exposición de cuadros organizada por una señora chilena en una galería situada en el sector sudeste de Londres (o sea bastante lejos de donde vivo, ya que como todos sabéis mi departamento está situado en el sector noroeste de la ciudad) en un barrio que antiguamente era una especie de puerto al lado del río y que hoy está semi abandonado pero en etapa de recuperación, y para los que se confundieron por la redacción, es la galería de arte y no mi departamento la  que queda en el barrio que antiguamente era una especie de puerto al lado del río y que hoy está semi abandonado pero en etapa de recuperación.

Dándole a la cueca.


En fin, la Berni me pidió que la acompañara haciendo voces y percusiones, así que eso hice, y aprendí a tocar las cucharas (sí, cucharas como para comer sopa o para jugar a esas carreras con una cuchara en la boca sosteniendo una papa, y que al parecer es un deporte típico del 18, o al menos eso nos inculcaron en el colegio porque nunca más he visto a gente corriendo con una cuchara en la boca). El Shico (Ahumada, con quien según algunas personas con miopía severa, delirium tremens o trastornos hormonales parecemos primos) se nos unió tocando el tormento (otro lindo estrumento de percusión), y así armamos nuestra pequeña banda cuequera, y tocamos en la exposición esa algunos temas mientras un grupo de bailarines chilenos se mandaron unos pies de cueca. Pueden ver gratis un pequeño video a continuación:



La cosa resultó bastante amena, así que actualmente estamos en negociaciones para continuar con esta banda en la senda del folclore. Todavía no tenemos nombre, así que cualquier sugerencia pueden llamarme al +44 07 463 866 529. 


Antes de finalizar, pido disculpas por mi lamentable redacción en el día de hoy. Y aprovecho de enviar mis condolencias y un alegre saludo de inicio de año laboral a todos en Chile, con pago de matrículas, permisos de circulación, seguro obligatorio, y tantas otras maravillas.


jueves, 2 de enero de 2014

Feliz Ano Novo

El año más extraño de mi vida (o al menos, uno de los más extraños según mi ranking personal) no podía terminar en forma más curiosa: sentado en un avión detenido en un aeropuerto en una ciudad en la que he estado 4 veces, pero de la cual sólo conozco su horrendo aeropuerto (Sao Paulo), leyendo el manual de seguridad del avión y preguntándome cuantas veces en la historia de la aviación habrá realmente sucedido que un avión comercial logre aterrizar en el mar, y que sus pasajeros hayan podido seguir esas didácticas instrucciones sobre cómo ponerse el salvavidas (sin olvidar que sólo debe inflarse fuera del avión) y cómo deslizarse por esos toboganes que luego se transforman en botes inflables.

En uno de los únicos amerizajes exitosos de un avión comercial, esto es lo que realmente sucede



Es una pregunta que me he hecho muchas veces, y como sé que la respuesta es “prácticamente jamás”, no deja de sorprenderme que las aerolíneas sigan gastando recursos en hacer esos  manuales  ridículos de supervivencia en el mar –si me van a dar un comic de ciencia ficción, hay otros bastante más interesantes. Recomiendo uno llamado Watchmen, que conocí gracias a mi amigo personal Camilo Gouet, o Superman o por último Barrabases-, y más aún, que inviertan tiempo en hacernos ver esos videos introductorios con gráficas cada vez más innovadoras que explican cómo salir ileso, suavemente y con una gran sonrisa luego de que el avión aterrice a 800 kms/hr en la superficie del mar.

En eso estaba cuando alguien en el avión gritó “feliz ano novo”, que en castellano quiere decir “feliz año nuevo”, y que en portugués al parecer no tiene ninguna implicancia proctológica, ya que la gente se puso a aplaudir con alegría sincera. Nos dimos la mano con mis vecinos de asiento deseándonos un feliz año nuevo (o al menos, eso espero), y mientras tanto las azafatas y azafatos se abrazaban entre ellos; de hecho corrieron todos al fondo del avión, y a juzgar por los sonidos (yo estaba sentado casi al final, así que los oí claramente), tuvieron un momento de emoción contenida entre las bandejas de comida de avión.

Mientras, se veían fuegos artificiales viniendo de muchas direcciones, y cuando unos 20 minutos después el avión por fin despegó, pudimos ver los fuegos artificiales desde arriba, lo cual fue probablemente el momento más emocionante de la noche (eso, junto con pensar que en el manual del avión no decía nada sobre qué hacer en caso de impacto con un fuego artificial). Sí, porque luego del despegue, vino el mensaje del capitán, que añadió a las típicas cosas de rutina que se dicen siempre, un “feliz año nuevo a todos ustedes”. Eso fue todo lo que TAM hizo por hacer de nuestro año nuevo una experiencia interesante. Nada especial en la comida, ni en las películas, ni en los tragos, nada. Así que me vi obligado a pedir un whisky junto con la comida, y luego con el pasajero sentado al lado mío comentamos lo penca de la celebración, lo cual nos guió inevitablemente a una conversación sobre la situación social de América Latina.
Aparte de ello, dormí bastante y llegué a Londres sin problemas, donde luego me junté con mis amigos Berni, Shico y Marina que estaban pasando la caña de una noche de juerga sin control.
Eso con respecto a mi Año nuevo, materia que sé que preocupaba mucho a los doce seguidores de este blog.

Ahora bien, mi última publicación coincidió con el inicio del fin del primer trimestre de mi curso, y con el inicio de la temporada navideña en Londres, y con el 21° aniversario de la muerte de Freddie Mercury, y el 8° de la muerte de Pat Morita, actor japonés-americano que muchos recordamos por su entrañable rol del señor Miyagi en Karate Kid.


Mr. Miyagi: "Usa la fuerza, Luke!"

Lo interesante de pasar la época navideña en Londres es que muchas de esas tradiciones que en Chile parecen bastante absurdas en Navidad –como tener señores barbones vestidos con abrigos rojos bajo el sol apremiante, comer cosas profundamente calóricas como galletas de Navidad, Pan de Pascua, ambientar con nieve, llenar todo con luces de colores, etc-, por acá hacen bastante sentido, entre el frío y la luz que se va cada vez más temprano. Por acá muchas calles estaban llenas de decoraciones, y armaron un parque de Navidad completo en Hyde Park, al que no pude entrar porque había una cola de dos horas. También había una tierna feria de Navidad en la rivera sur del Támesis, llena de puestecillos de diversos cachivaches navideños, desde quesos artesanales hasta casitas de cerámica de Lituania y bufandas de Alpacas del Perú. Y por supuesto, vasos con hermoso vino caliente para pasar el frío.

Feria navideña al lado del Thames.

También en Leicester Square –una plaza pseudo equivalente a la Plaza de Armas de Santiago, guardando las amargas proporciones-, de un día para otro armaron un parquecillo navideño, lleno de juegos emocionantes como carruseles, rueda de la fortuna y póngale la cola al reno. Pero muy bonito en todo caso; lamentablemente mi celular marca Huawei no toma las mejores fotos, pero aquí tienen algunas ideas.


El frío me hace poner todo tipo de caras estúpidas.


A propósito de las celebraciones navideñas, he descubierto que Chile es probablemente el único país que identifica como “Pascua” el período navideño. Es realmente un escándalo lingüístico que perseveremos en hablar del “Viejo Pascuero”, “Árbol de Pascua”, o ese jingle de “Pascua feliz para todos”, si lo que se celebra es la Navidad. Me pregunto qué pretendían los compatriotas que empezaron a darle ese nombre a esta fiesta: ¿confundir a la población? ¿Empezar una guerra religiosa? No me extrañaría que esas personas sin sentido del lenguaje sean antepasados directos de esos oscuros señores que se permiten cambiarle el nombre a las películas, traduciendo sus nombres originales por títulos sin ninguna relación, en un nuevo esfuerzo por sembrar la ignorancia en la población (decidme, qué sentido tiene llamar a “The Sound of Music” (El Sonido de la música) con el infeliz nombre de “La novicia rebelde”? O traducir “Alguien voló sobre el nido del cucú” como “Atrapado sin salida”? “Mi pobre angelito” en lugar de “Solo en casa”? De seguro son los mismos responsables de ese fetiche nacional por las siglas ridículas, con ejemplos tan poco felices como el SAPU, la ACOTRUCH  y la CONFUSAM (de la cual solo se puede deducir que, independiente de quienes sean los que la componen, son personas profundamente confundidas).

Robert Powell, a quien todos conocemos en Chile como "Jesús de Nazaret", ahora se dedica al humor y a inaugurar ferias navideñas del barrio


En fin… junto con las fiestas navideñas, como ya dije, finalizó mi semestre de clases, muy intensamente con exámenes de danza, monólogo y canción que logré pasar airoso. Para el examen canté la canción “Oh What a Circus” del musical Evita, en la cual el personaje del Che Guevara se burla sorprendido de la tontera de su país, que ha elevado a la categoría de santa a un personaje populista como Evita, que prometía grandes cosas sin saber cómo cumplir sus promesas, con gran talento para sonreír y caer bien, pero que hablaba puras leseras sin sentido (o al menos, así la pintan en el musical). Coincidentemente, tuve que cantar esta canción al día siguiente de las elecciones en Chile.

Después de los exámenes, tuvimos un último día para hablar de lo que se nos viene el próximo trimestre, y le cantamos un lindo villancico a nuestro profesor guía donde pude estrenar mi banjolele, un bello instrumento que me autoregalé para Navidad. También hicimos un Secret Santa con el curso, y terminamos con un lindo carrete final de semestre, donde en lugar de reventarnos tomando alcohol y haciendo jaleo, cantamos villancicos y tomamos té. En la oportunidad, canté una sensual canción de un pseudo galán latino (de un musical no muy conocido) llamada “I am Aldolpho”, dedicada a algunas amigas del curso que hace mucho tiempo me dijeron que la aprendiera. La canción causó un furor momentáneo y grandes gritos de histeria, sin embargo no logré que ninguna me lanzara prendas de ropa interior. Aprovecho de dejarles un video preparado por mis bellas amigas Laura, Shannon, Molly y Erikka con imágenes de este primer semestre, al son de algunos villancicos cantados por nosotros mismos. Nótese que los fragmentos del principio muestran la reacción inmediata de mis compañeras a mi anuncio de cantar la canción.




Y no puedo dejar de mencionar que con la Berni, Shico y Marina fuimos a ver el Fantasma de la Ópera, obra que yo ya había visto en EEUU, pero que acá me sorprendió nuevamente, sobre todo gracias al espectacular actor argentino Gerónimo Rauch que actualmente está haciendo de Fantasma. Nos quedamos a saludarlo al final de la obra, y el tipo además es un siete, muy simpático y humilde, y se dio el tiempo para conversar un buen rato con nosotros y para contestar todo tipo de preguntas absurdas de mi parte.

Con el señor Gerónimo Rauch

Como última cosa, tuve la linda oportunidad de pasar 12 días y medio en Chile, donde pude ver a mi familia y a muchos de mis buenos y viejos amigos. Fueron días bien agotadores, pero fue muy rico hacer un paréntesis y ver por unos pocos días a mi querida gente de allá. Sobre todo después de este 2013 donde tuve experiencias bastante extrañas con respecto a la amistad, fue en verdad muy bonito pasar aunque sea un rato con esos amigos que tal vez no vemos tan seguido, pero que cuando los vemos es como si no hubiera pasado el tiempo.

Con parte de mi familia materna y una chiquilla que me encontré en Chile

Los primos Iturriaga y los abuelos

Y obviamente, también fue muy rico ver nuevamente a mi familia y compartir nuevamente la Navidad, y hablar de la vida y que se yo, y sentir el cariño que sigue ahí pese al tiempo y la distancia.
Lo que sí, estos días también confirmaron mi poca simpatía por la ciudad de Santiago, sus tacos, aglomeraciones y la agresividad de su gente (salvo unas pocas excepciones que me devolvieron la fe en la humanidad del santiaguino). Me reforzaron además en mi franco rechazo a la institución de las notarías, esas especies de antros donde atienden pésimo y te cobran lo que quieren, y que no sé si en otros países del mundo tendrán tanta importancia y poder como en Chile.

Corroboraron mi estupefacción ante la absurda proliferación de locales de farmacias en el país (y encima, todas son de las mismas tres cadenas!!). Y por último, reafirmaron mi desprecio por la Costanera Norte, única autopista urbana que insiste en no poner los precios por circular en ella. Tengo una profunda fe en que nuestro nuevo gobierno no hará absolutamente nada para detener este tipo de abusos al consumidor, permitidos por licitaciones pencas y llenas de arreglines.


En fin, con una sensación agridulce volví a Inglaterra, con pena por las personas que dejo en Chile nuevamente, pero con alegría por lo que se viene en mi curso acá, y con júbilo por encontrarme lejos de las notarías y las siniestras farmacias nacionales. Y además, aliviado de no tener que toparme más con carteles de la presidenta electa, cuyos impresentables eslóganes sólo me hacen recordar las campañas electorales de El Pingüino en “Batman” o del alcalde Diamante en “Los Simpson”.