El año más extraño de mi vida (o al menos, uno de los más
extraños según mi ranking personal) no podía terminar en forma más curiosa: sentado
en un avión detenido en un aeropuerto en una ciudad en la que he estado 4
veces, pero de la cual sólo conozco su horrendo aeropuerto (Sao Paulo), leyendo
el manual de seguridad del avión y preguntándome cuantas veces en la historia
de la aviación habrá realmente sucedido que un avión comercial logre aterrizar
en el mar, y que sus pasajeros hayan podido seguir esas didácticas
instrucciones sobre cómo ponerse el salvavidas (sin olvidar que sólo debe
inflarse fuera del avión) y cómo deslizarse por esos toboganes que luego se
transforman en botes inflables.
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| En uno de los únicos amerizajes exitosos de un avión comercial, esto es lo que realmente sucede |
Es una pregunta que me he hecho muchas veces, y como sé que
la respuesta es “prácticamente jamás”, no deja de sorprenderme que las
aerolíneas sigan gastando recursos en hacer esos manuales ridículos de supervivencia en el mar –si me
van a dar un comic de ciencia ficción, hay otros bastante más interesantes.
Recomiendo uno llamado Watchmen, que
conocí gracias a mi amigo personal Camilo Gouet, o Superman o por último Barrabases-,
y más aún, que inviertan tiempo en hacernos ver esos videos introductorios con
gráficas cada vez más innovadoras que explican cómo salir ileso, suavemente y
con una gran sonrisa luego de que el avión aterrice a 800 kms/hr en la
superficie del mar.
En eso estaba cuando alguien en el avión gritó “feliz ano
novo”, que en castellano quiere decir “feliz año nuevo”, y que en portugués al
parecer no tiene ninguna implicancia proctológica, ya que la gente se puso a
aplaudir con alegría sincera. Nos dimos la mano con mis vecinos de asiento deseándonos
un feliz año nuevo (o al menos, eso espero), y mientras tanto las azafatas y
azafatos se abrazaban entre ellos; de hecho corrieron todos al fondo del avión,
y a juzgar por los sonidos (yo estaba sentado casi al final, así que los oí
claramente), tuvieron un momento de emoción contenida entre las bandejas de
comida de avión.
Mientras, se veían fuegos artificiales viniendo de muchas
direcciones, y cuando unos 20 minutos después el avión por fin despegó, pudimos
ver los fuegos artificiales desde arriba, lo cual fue probablemente el momento
más emocionante de la noche (eso, junto con pensar que en el manual del avión
no decía nada sobre qué hacer en caso de impacto con un fuego artificial). Sí,
porque luego del despegue, vino el mensaje del capitán, que añadió a las
típicas cosas de rutina que se dicen siempre, un “feliz año nuevo a todos
ustedes”. Eso fue todo lo que TAM hizo por hacer de nuestro año nuevo una
experiencia interesante. Nada especial en la comida, ni en las películas, ni en
los tragos, nada. Así que me vi obligado a pedir un whisky junto con la comida,
y luego con el pasajero sentado al lado mío comentamos lo penca de la celebración,
lo cual nos guió inevitablemente a una conversación sobre la situación social
de América Latina.
Aparte de ello, dormí bastante y llegué a Londres sin problemas,
donde luego me junté con mis amigos Berni, Shico y Marina que estaban pasando
la caña de una noche de juerga sin control.
Eso con respecto a mi Año nuevo, materia que sé que
preocupaba mucho a los doce seguidores de este blog.
Ahora bien, mi última publicación coincidió con el inicio
del fin del primer trimestre de mi curso, y con el inicio de la temporada
navideña en Londres, y con el 21° aniversario de la muerte de Freddie Mercury,
y el 8° de la muerte de Pat Morita, actor japonés-americano que muchos
recordamos por su entrañable rol del señor Miyagi en Karate Kid.
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| Mr. Miyagi: "Usa la fuerza, Luke!" |
Lo interesante de pasar la época navideña en Londres es que
muchas de esas tradiciones que en Chile parecen bastante absurdas en Navidad –como
tener señores barbones vestidos con abrigos rojos bajo el sol apremiante, comer
cosas profundamente calóricas como galletas de Navidad, Pan de Pascua,
ambientar con nieve, llenar todo con luces de colores, etc-, por acá hacen bastante
sentido, entre el frío y la luz que se va cada vez más temprano. Por acá muchas
calles estaban llenas de decoraciones, y armaron un parque de Navidad completo
en Hyde Park, al que no pude entrar porque había una cola de dos horas. También
había una tierna feria de Navidad en la rivera sur del Támesis, llena de
puestecillos de diversos cachivaches navideños, desde quesos artesanales hasta
casitas de cerámica de Lituania y bufandas de Alpacas del Perú. Y por supuesto,
vasos con hermoso vino caliente para pasar el frío.
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| Feria navideña al lado del Thames. |
También en Leicester Square –una plaza pseudo equivalente a
la Plaza de Armas de Santiago, guardando las amargas proporciones-, de un día
para otro armaron un parquecillo navideño, lleno de juegos emocionantes como
carruseles, rueda de la fortuna y póngale la cola al reno. Pero muy bonito en
todo caso; lamentablemente mi celular marca Huawei no toma las mejores fotos,
pero aquí tienen algunas ideas.
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| El frío me hace poner todo tipo de caras estúpidas. |
A propósito de las celebraciones navideñas, he descubierto
que Chile es probablemente el único país que identifica como “Pascua” el
período navideño. Es realmente un escándalo lingüístico que perseveremos en
hablar del “Viejo Pascuero”, “Árbol de Pascua”, o ese jingle de “Pascua feliz
para todos”, si lo que se celebra es la Navidad. Me pregunto qué pretendían los
compatriotas que empezaron a darle ese nombre a esta fiesta: ¿confundir a la
población? ¿Empezar una guerra religiosa? No me extrañaría que esas personas
sin sentido del lenguaje sean antepasados directos de esos oscuros señores que
se permiten cambiarle el nombre a las películas, traduciendo sus nombres
originales por títulos sin ninguna relación, en un nuevo esfuerzo por sembrar
la ignorancia en la población (decidme, qué sentido tiene llamar a “The Sound
of Music” (El Sonido de la música) con el infeliz nombre de “La novicia rebelde”?
O traducir “Alguien voló sobre el nido del cucú” como “Atrapado sin salida”? “Mi
pobre angelito” en lugar de “Solo en casa”? De seguro son los mismos
responsables de ese fetiche nacional por las siglas ridículas, con ejemplos tan
poco felices como el SAPU, la ACOTRUCH y
la CONFUSAM (de la cual solo se puede deducir que, independiente de quienes sean
los que la componen, son personas profundamente confundidas).
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| Robert Powell, a quien todos conocemos en Chile como "Jesús de Nazaret", ahora se dedica al humor y a inaugurar ferias navideñas del barrio |
En fin… junto con las fiestas navideñas, como ya dije,
finalizó mi semestre de clases, muy intensamente con exámenes de danza,
monólogo y canción que logré pasar airoso. Para el examen canté la canción “Oh
What a Circus” del musical Evita, en
la cual el personaje del Che Guevara se burla sorprendido de la tontera de su
país, que ha elevado a la categoría de santa a un personaje populista como
Evita, que prometía grandes cosas sin saber cómo cumplir sus promesas, con gran
talento para sonreír y caer bien, pero que hablaba puras leseras sin sentido (o
al menos, así la pintan en el musical). Coincidentemente, tuve que cantar esta
canción al día siguiente de las elecciones en Chile.
Después de los exámenes, tuvimos un último día para hablar
de lo que se nos viene el próximo trimestre, y le cantamos un lindo villancico
a nuestro profesor guía donde pude estrenar mi banjolele, un bello instrumento
que me autoregalé para Navidad. También hicimos un Secret Santa con el curso, y terminamos con un lindo carrete final
de semestre, donde en lugar de reventarnos tomando alcohol y haciendo jaleo,
cantamos villancicos y tomamos té. En la oportunidad, canté una sensual canción
de un pseudo galán latino (de un musical no muy conocido) llamada “I am
Aldolpho”, dedicada a algunas amigas del curso que hace mucho tiempo me dijeron
que la aprendiera. La canción causó un furor momentáneo y grandes gritos de
histeria, sin embargo no logré que ninguna me lanzara prendas de ropa interior.
Aprovecho de dejarles un video preparado por mis bellas amigas Laura, Shannon,
Molly y Erikka con imágenes de este primer semestre, al son de algunos
villancicos cantados por nosotros mismos. Nótese que los fragmentos del principio
muestran la reacción inmediata de mis compañeras a mi anuncio de cantar la
canción.
Y no puedo dejar de mencionar que con la Berni, Shico y
Marina fuimos a ver el Fantasma de la Ópera, obra que yo ya había visto en
EEUU, pero que acá me sorprendió nuevamente, sobre todo gracias al espectacular
actor argentino Gerónimo Rauch que actualmente está haciendo de Fantasma. Nos
quedamos a saludarlo al final de la obra, y el tipo además es un siete, muy
simpático y humilde, y se dio el tiempo para conversar un buen rato con
nosotros y para contestar todo tipo de preguntas absurdas de mi parte.
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| Con el señor Gerónimo Rauch |
Como última cosa, tuve la linda oportunidad de pasar 12 días
y medio en Chile, donde pude ver a mi familia y a muchos de mis buenos y viejos
amigos. Fueron días bien agotadores, pero fue muy rico hacer un paréntesis y ver
por unos pocos días a mi querida gente de allá. Sobre todo después de este 2013
donde tuve experiencias bastante extrañas con respecto a la amistad, fue en
verdad muy bonito pasar aunque sea un rato con esos amigos que tal vez no vemos
tan seguido, pero que cuando los vemos es como si no hubiera pasado el tiempo.
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| Con parte de mi familia materna y una chiquilla que me encontré en Chile |
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| Los primos Iturriaga y los abuelos |
Y obviamente, también fue muy rico ver nuevamente a mi
familia y compartir nuevamente la Navidad, y hablar de la vida y que se yo, y
sentir el cariño que sigue ahí pese al tiempo y la distancia.
Lo que sí, estos días también confirmaron mi poca simpatía
por la ciudad de Santiago, sus tacos, aglomeraciones y la agresividad de su
gente (salvo unas pocas excepciones que me devolvieron la fe en la humanidad
del santiaguino). Me reforzaron además en mi franco rechazo a la institución de
las notarías, esas especies de antros donde atienden pésimo y te cobran lo que
quieren, y que no sé si en otros países del mundo tendrán tanta importancia y
poder como en Chile.
Corroboraron mi estupefacción ante la absurda proliferación
de locales de farmacias en el país (y encima, todas son de las mismas tres
cadenas!!). Y por último, reafirmaron mi desprecio por la Costanera Norte,
única autopista urbana que insiste en no poner los precios por circular en
ella. Tengo una profunda fe en que nuestro nuevo gobierno no hará absolutamente
nada para detener este tipo de abusos al consumidor, permitidos por
licitaciones pencas y llenas de arreglines.
En fin, con una sensación agridulce volví a Inglaterra, con
pena por las personas que dejo en Chile nuevamente, pero con alegría por lo que
se viene en mi curso acá, y con júbilo por encontrarme lejos de las notarías y
las siniestras farmacias nacionales. Y además, aliviado de no tener que toparme
más con carteles de la presidenta electa, cuyos impresentables eslóganes sólo me
hacen recordar las campañas electorales de El Pingüino en “Batman” o del
alcalde Diamante en “Los Simpson”.